Marco Arauz

Correa y el grillete de la ‘dignidad’

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Domingo 05 de enero 2020

Apenas hemos terminado de pasar la página de un año escabroso con protestas sociales en 15 países y preocupaciones serias como el calentamiento global, y nos encontramos con un Donald Trump que no mide sus travesuras para arrancar aplausos, en pos de la reelección.

Acá, en la mañana del 2020, nos desayunamos con las imágenes de las toneladas de basura y los desafueros que paradójicamente resultan de celebrar la llegada del nuevo año y la nueva década, y no solo en Salinas... No les falta razón a quienes dicen que el problema es de siempre pero que ahora se hace evidente por las redes sociales. Mal de muchos...

Pero desde hace años había más basura que sacar bajo la alfombra, y realmente ha resultado una tarea muy dura para la fiscal Diana Salazar. Esto no se debe solo a la dificultad institucional de recuperar un sistema de justicia tomado por años, sino también a una realidad que sería ingenuo ignorar.

El correísmo sobrevive entre quienes resultaron beneficiados (desfavorecidos y nuevos ricos) en una época de populismo, despilfarro y corrupción, sino también entre quienes siguen cumpliendo el papel de cubrirse y cubrir las espaldas, incluso después del tapetazo de Lenín Moreno. La economía flaqueaba y era mejor bajar el tono y dejar que el país flotara como un corcho, hasta la vuelta, Señor.

El arquitecto del modelo no esperaba que su indeseado sucesor pusiera una distancia tan grande que terminara en el enjuiciamiento y encarcelamiento de su preferido -pero sin suficiente apoyo en las urnas-, Jorge Glas. Rafael Correa, gracias a su capacidad de lobby, a sus lealtades mundiales y a quienes siguen enquistados en el Estado, había podido mantenerse indemne, mientras el propio Glas y varios ex funcionarios están presos, otros prófugos como él o asilados.

No responder al llamado a juicio por su posible participación en el secuestro de Fernando Balda no tiene consecuencias, pues el caso no avanza. Pero el viernes fue llamado por presunto cohecho, delito imprescriptible, en el caso Sobornos. Puede ser juzgado en ausencia, igual que otros de los procesados.

Es hora de una gran prudencia y de no repetir errores. Los pedidos deben estar bien fundamentados y la Fiscalía debe reconocer errores como lo hizo en el proceso contra Sofía Espín, y dejar que los jueces actúen sin presión en casos como el de la prefecta Paola Pabón. No tiene sentido cuestionar las medidas cautelares de la CIDH: que el doble discurso quede en el cercado ajeno.

Pabón, con gran sentido de la oportunidad, quiere dignificar el grillete (antes vapuleado por Fernando Alvarado) que debe llevar luego de que el juez le sustituyó la prisión preventiva. La Prefecta se considera presidenciable, pero habrá que ver qué tiene en sus manos la justicia. Correa quería la Presidencia pero no el grillete, ni digno ni indigno.