Marco Antonio Rodríguez

Miguel Ángel

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 1
Sorprendido 0
Contento 17
Viernes 28 de septiembre 2018

Lo conocí en el Café 77, al filo de los sesenta del siglo XX. De mediana estatura, tallado en el metal más noble; su sencillez lucía cada vez más virtuosa y más sabios sus silencios. Circunspecto, evasivo y familiar; cosmopolita que predicaba su obsesivo amor por la patria y los pobres; humorista que apenas sonreía; autor de paradojas claras y vertiginosas como el agua; taciturno y magnánimo. Al despedirme de Miguel Ángel, lo envolvía un hálito extraño emanado de su transparencia.

Raúl Andrade cuenta que Miguel Ángel Zambrano (Riobamba, 1898-Quito, 1969), en su juventud, frecuentaba una oscura cantina del Puente Nuevo, donde atendía un salonero tardo y solemne que llamaba al poeta con el extraño remoquete de ‘Ojo azul de cara lavada’. ¿Qué veía ese manso personaje en Miguel Ángel para endosarle ese trato de glosario surrealista? ¿Su inteligencia creadora, el aura de su genuina humanidad, su honestidad intelectual que le indujo a rehusar ministerios y embajadas?

Diáfano, solitario y solidario, devoto de la justicia y la libertad, su rostro develaba su espléndida personalidad, ratificando aquello de que cada ser humano tiene el rostro que merece. Pero detrás de su apariencia serena, bullía su tormentosa voluntad creadora, su entrega a los desheredados, su rebelión ante un sistema en el cual la explotación es la única relación humana. Autor del primer Código del Trabajo (1938) y otras leyes sustanciales a favor de los oprimidos, Miguel Ángel constituye paradigmática cifra de nuestra historia.

Rebasados los 50 años, deslumbró con su “Diálogo de los seres profundos”. Texto indefinible y torrencial. Áspero encuentro con la efigie del vacío. “Sobre la mesa, a la orilla del tiempo,/ está el reloj andando/ con sus doce moscas de patas jeroglíficas/ ¿cuál de esas doce volará ese preciso instante?” “El viento arrasa todo: trenes y truenos/ olas y alas/ Y nuestros brazos no son más/ que frustradas alas de murciélago”.

¿Escritura de sonidos y de ideas? Más de desgarraduras y reuniones del ser, incisiones en la corteza del tiempo, borrascosa expedición hacia algunos de nuestros infinitos humanos. Después de “Diálogo”, publicó “Biografía inconclusa”: su palabra se enternece para minar en las “pasiones de la memoria”: sus primeras edades. Luego advino su “Mensaje”: testimonio y proclama de un hombre comprometido hasta la médula con la liberación de los marginados de la tierra.

Desprendido y ascético, vivía en una casa muy modesta. En su ciclo final compartíamos sus poemas o conversábamos sobre fútbol, de sus puntuales asistencias al estadio para ver a sus hijos -dignos herederos de su grandeza- que descollaban como astros de ese deporte, luciendo sombrero, corbata y flor en el ojal.

Miguel Ángel fue ilustre factótum de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.