Reinaldo Páez

Mala práctica

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Lunes 31 de octubre 2011
31 de October de 2011 00:01

La electrónica, la informática, la robótica, la telemedicina, la microscopía electrónica, el electromagnetismo, el buen manejo de la energía atómica, entre muchas expresiones de perfeccionamiento físico, tecnológico y matemático, han impulsado el increíble adelanto científico general y de la medicina en particular: la microneurocirugía permite extraer tumores milimétricos, tejidos tumorales malignos, cortar mediante estereotaxia vías y núcleos defectuosos; la radio y la quimioterapia han transformado en tratables procesos considerados, en años anteriores, irremediablemente mortales; las endoscopias y laparoscopias han simplificado y perfeccionado diagnósticos y tratamientos de complejidad severa; los drenajes y biopsias dirigidos con tomografía y resonancia magnética solventan fácilmente los otrora procesos quirúrgicos complicados; las muy temidas anginas de pecho e infartos cardíacos han llegado a ser curados en un altísimo porcentaje con angioplastias y stents coronarios; aneurismas, malformaciones arterio-venosas y fístulas cerebrales y sistémicas que se caracterizaron por una alta morbimortalidad (cercana al 100%), hoy reciben un tratamiento exitoso en un 90%; los infartos cerebrales, que una vez instaurados producían la muerte o mermaban las funciones motrices, sensitivas y de lenguaje de los pacientes, hoy pueden ser resueltos favorablemente en un 40%, a través de microcatéteres y de substancias que disuelven los trombos.

Estos y muchos otros tratamientos son efectuados en el país por médicos que los aprendieron en el exterior a base de su sacrificio personal y familiar.

Estadísticas realizadas en centros altamente desarrollados permiten concluir que estos sofisticados procedimientos se acompañan con elevadas cifras de éxito; pero que no están exentos de riesgo y que la morbilidad y la mortalidad oscilan entre el 10 y 12 %.... ¿podrían estos médicos especialistas trabajar con tranquilidad, serenidad y seguridad bajo una legislación que ligera e irresponsablemente, con total desconocimiento del saber médico, pretende sancionar una complicación estadística y científicamente posible, con 11 años de prisión y con suspensión definitiva de la licencia profesional, alcanzada al cabo de al menos 10 años de sacrificado estudio y trabajo diurno y nocturno y en días de descanso?

¿No se han percatado nuestros sabios legisladores que no existe ningún país en el mundo que tenga una ley tan absurda y punitiva como la que pretenden instaurar?

¿Es justo que, sin ningún análisis riguroso y sin intervención de peritos solventes y conocedores de medicina legal, se pretenda catalogar a los médicos como potenciales delincuentes, mientras que a los asesinos, secuestradores y traficantes de droga se les ofrezca amnistía e inserción social? ¿ A quien se persigue? ¿A quien se protege ?