María Cárdenas R.

Mala hierba

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Viernes 13 de enero 2012
13 de January de 2012 00:01

Se nos viene encima un año entero de locuras. De inverosímiles palabrerías y visiones desmedidas, de promesas astronómicas y que, a la larga, no se cumplen sino a medias. De usos y mal usos de leyes retorcidas, en fin, 12 meses de campaña en los que todo tendrá valor, si viene de lado correcto y todo será contestado, auditado y medido si viene del contrario. Lo que sea por un voto y continuar con el populismo autoritario. Pero nada de esto es difícil si se recuerda que todo poder del Estado, hoy, se reúne alrededor de un solo propósito, seguir en lo alto, donde, todo vale si es “revolucionario”.

Veremos burros volando. Continuaremos admirando el embellecimiento de las vías, inválido maquillaje si se considera que esos millones podrían ser invertidos en necesaria infraestructura, pero que hasta al Alcalde de Carondelet, disculpas, digo, del Distrito Metropolitano de Quito, hace estas mejoras a la loca, pero ¿y el que pavor de hacerle perder votos al candidato presidente o será el presidente candidato? Planes fríamente calculados para ganar una vez más y seguir con la revolución que no es sino una intensa demostración de irrespeto, agresividad y nuevos y fuertes lazos de amistad con los rebeldes del planeta, igualito a como lo hacen los otros niños malcriados de la región. Las leyes permitirán que quienes están del lado del poder publiciten, como y donde quieran, gastando los millones del pueblo sin que estos ni cuenta se den. Los grandes letreros anunciando salud y educación serán permitidos, pero el resto tendrá que esforzarse por cumplir estrictas medidas de dónde, cómo y hasta cuándo exponen sus ideas, colores y soluciones para reencaminar la retorcida revolución.

Revolución que comenzó con promesas que, aunque algunos lo vieron enseguida, el resto, hoy la vive, pero no reaccionan. Una candidatura que llegó a donde llegó gracias a la libertad de expresión en los medios, fueran estos de quien fueran, porque no había la división, ni eran, en ese entonces, para nada corruptos, y sí fueron hábilmente utilizadas. Cortadas estas posibilidades, con un veto definitivo, quizá por miedo a perder, el problema se ahonda. Este abuso no lo podemos tolerar.

Pero, ¿somos lo suficientemente proactivos y conscientes? Los candidatos aparecen con la misma velocidad que la mala hierba y, ni la lección vivida en estos últimos años, los hace reflexionar. El secreto en este momento no está en la cantidad, sino en la calidad de quienes pretenden proponer su nombre y en su necesidad real y profunda de buscar la unidad y el verdadero bienestar nacional. Tenemos que unirnos por un mejor Ecuador, donde no les salgan alas a los burros y la libertad de expresión sea la misma que ayudó a la tan mencionada revolución a llegar a dónde está.