Federico Chiriboga

Mal momento

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Sábado 29 de junio 2019

Mal momento el que ha escogido el Gobierno para proponer un acuerdo nacional. Todo acuerdo político - y más uno de estas proyecciones- es el resultado del consenso sobre determinadas políticas de Estado. En la negociación debe haber delegados de partidos, sindicatos y las principales organizaciones sociales con representatividad.

Hoy nos encontramos con un vacío de fuerzas organizadas capaces de obligarse. Carecemos de partidos políticos, los instrumentos de mayor importancia de la representación ideológica y social; de sindicatos con una concepción que trascienda la cuantía del salario; de empresarios con una visión nacional. Las cámaras son organizaciones gremiales preocupados de sus particulares intereses. No existe una voz común que exprese una política empresarial que coincida con el bien general. Así las cosas ¿quiénes son los llamados a representarnos en un acuerdo nacional? De otra parte, un gobierno débil y de transición no tiene la fuerza para que trasciendan los resultados del pacto.Las metas del gobierno deberían tener prioridades y, con los pies en el suelo, ser menos ambiciosas. Hay asuntos inmediatos que demandan consenso. Se habla de una reforma tributaria que, según se dice, contempla el aumento del IVA. No me sorprende.

La situación económica heredada y tan poco divulgada como aprovechada por los encargados de la comunicación oficial, exige una reforma impositiva. Conviene depurar la Ley de Régimen Tributario: sobran normas y exenciones, las que deben reducirse al mínimo. Es preferible una tarifa inferior a tanta exención y deducción de difícil manejo. Y deben medirse los incentivos.

¿Habrá mayoría en la Asamblea ¿Sabemos que los social cristianos estarán en contra, como lo estuvieron con recurrir al Fondo Monetario? Ellos condicionan sus votos a los resultados electorales.
La República está en segundo lugar.
El otro tema es el laboral. Parece que un sector se ha modernizado y que mira el problema en su conjunto, lo que le lleva al diálogo y a probables entendimientos. Pero otro grupo sigue anclado en los años treinta, sin la hoz y el martillo. Y son los gritones que se toman las calles e impiden que en el país impere un régimen laboral justo, pero que responda a los requerimientos nacionales de desarrollo. Ha llegado el momento de meter pluma a la ley que regula el trabajo. También se necesita de acuerdo con una mayoría, sin que sepamos si el gobierno tiene la capacidad de unir y convencer.

En un escenario poco propicio para que el gobierno pretenda embarcarse en grandes emprendimientos, debería concretarse a lograr lo que la circunstancia exige, en lugar de aspirar a pasar a la historia como el transformador de un país del tercer mundo en emergente.