Alfredo Negrete

No por madrugar ...

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Jueves 20 de febrero 2020

En el vaivén que atraviesa la barca de la realidad nacional, similar al retorno de Ulises a Ítaca, la sobre expuesta promoción pre electoral del vicepresidente de la República desconcierta y elimina algunos vestigios de esperanza en el horizonte. Como ciudadano tiene derecho a aspirar a cualquier función o espacio público de elección popular. No existe impedimento constitucional ni legal. Otra cosa es la inquietud ética: ¿funcionario o candidato?; más aún, si es difícil o imposible distinguir si los usos funcionales o administrativo corresponden a una u otra situación. Preferible sería, y de gran valor para la dignidad de la república, que públicamente proclame su opción electoral y renuncie al cargo de vicepresidente. De no hacerlo y persistir en la dualidad, la mezcla puede ser dañina, ya que será muy complejo para la Contraloría General puede ser difícil diferenciar los gastos del funcionario y los del candidato.

Muy distinto es el caso de la reelección presidencial inmediata, pues el mandatario vigente públicamente anuncia su pretensión y gran parte de las suspicacias o dudas se disipan o son más auscultadas; más aún si solo es permitida por una sola vez. Gran parte de la opinión publica tendrá en gran parte la opción de distinguir los actos de gobierno de los ofrecimientos de campaña.

En varios casos los vicepresidentes, han accedido al solio presidencial por muerte, renuncia o descalificación del primer mandatario. La lista hay que recordarla, incluso para los del milenio, que en una gran mayoría viven el primer día de la creación.

En los últimos tiempos se registraron algunas experiencias desempeñadas con prestigio y decoro: Osvaldo Hurtado, Gustavo Noboa Bejarano, Alfredo Palacio González. El caso de Rosalía Arteaga es diferente. Le fue impedido del ascenso por violación constitucional de los líderes del establishment político, hegemónico y predominante. Queda para estudio el caso del Dr. Carlos Julio Arosemena, por el laberinto jurídico - político en que se vio envuelto su ascenso a la primera magistratura.

Para completar el refrán del título, es necesario advertir que, en la situación ecuatoriana, al margen de los pre candidatos costeños que lucen exhaustos antes de la lid, el próximo debiera ser el resultado de un apoyo cimentado, desde la campaña, por una sólida concertación política, pública y con juramentó; de lo contrario, el periodo de la democracia inaugurada en el 1979 habrá finiquitado por enfermad terminal y regresaran las espadas. Hasta el momento esa coalición - la óptica política es pródiga en conjeturas - debiera integrarse por el social cristianismo, el gobierno y algunos sectores presentables del correísmo, que demuestren ser ciegos o idiotas y que, por tanto, no fueron víctimas del tsunami de la corrupción. No se trata de despertar muy temprano, el caso en el país es hacer sonar la alarma a todo el alumnado. Pasaron los tiempos del graznido de los gansos o el ladrido de los perros para levantarse.