Reinaldo Páez Z.

Luto en la medicina

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Viernes 03 de enero 2020

La ciencia es el fruto de la mente humana que no tiene límites. Se inició con el advenimiento del primer hombre al planeta. Constituyeron avances gigantescos el descubrimiento del fuego, de la rueda y de la escritura. Con el transcurrir de los tiempos los adelantos han sido portentosos: la electricidad, los rayos X, la microscopía, los desplazamientos ultrasónicos y espaciales, la electrónica, el combate a virus y bacterias, la informática, la robótica, la decodificación del ADN, la manipulación atómica y subatómica, el ultrasonido, la tomografía computada, la resonancia magnética, el PET (tomografía por emisión de positrones), todos ejemplos del incesante acervo científico con que cuenta la humanidad.

La sobrevivencia de la especie es la sobrevivencia de la ciencia, trasmitida de individuo a individuo y de generación en generación.

La mayéutica, discusión socrática a base de preguntas y análisis es una disciplina que imprime un estilo que se ha perpetuado en los distintos servicios hospitalarios docentes. El externo, estudiante de cursos intermedios, aprende a recibir al paciente, a interrogarlo y a brindarle una atención inicial. El interno, que cursa los últimos años de su formación universitaria, supervisa al externo, dirige el cuidado del paciente. El médico residente completa los exámenes y requerimientos del enfermo y señala el tratamiento inicial, que será ratificado o modificado por el médico tratante. El médico residente es responsable de la formación de los subalternos a los que instruye y exige su actualización permanente. Un buen residente es un buen maestro y ese fue el Dr. Mario Caicedo Chantry, distinguido galeno del Hospital Carlos Andrade Marín, casa de salud de la que fue director en dos oportunidades, recordadas por la honestidad y capacidad con que la enrumbó. Su brillante ejecutoria le proyectó a la Dirección Nacional Médico Social del IESS; cumplió a cabalidad esas complejas funciones.

A su espíritu de médico y funcionario exitoso se sumó su natural liderazgo profesional y gremial. Luchó por la independencia del área médica del IESS, se destacó como presidente del Colegio de Médicos de Pichincha, miembro del tribunal de honor. Fue vicepresidente de la Federación Médica Ecuatoriana, Presidente de la Asociación de Profesionales Médicos, Odontólogos y Farmacéuticos del IESS, vocal principal del Comité Único Especial de trabajadores del IESS. Su rectitud, decisión y fortaleza conjugadas con su vocación y su liderazgo, forjaron la figura ejemplar del Maestro formador de profesionales. Médico guerrero y luchador incansable por rescatar a su clase de los avatares políticos que, reiteradamente, han tratado de ensombrecer la grandeza de una profesión humanística que se yergue orgullosa como insignia del máximo nivel científico alcanzado por el cerebro. Gracias por esa guía inmortal. Hasta pronto.

Columnista invitado