Grace Jaramillo

‘Light’

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Domingo 01 de julio 2012
1 de July de 2012 00:00

El caso de Paraguay representa una oportunidad única para analizar la situación de la integración en el espacio latinoamericano.

Justamente esta semana, discutimos el tema con mis alumnos y, la verdad, es que estos nuevos espacios de integración política como la Unasur o la Comunidad de Estados Latinoamericanos se explican –sobre todo- por el carácter mismo de los regímenes políticos en América Latina: hiperpresidencialistas y en muchos casos autoritarios.

Son regímenes políticos en donde el Ejecutivo controla gran parte del quehacer nacional cuando no, otras funciones del Estado, ya sea oficial o extraoficialmente. En estas condiciones, el triunfo o el fracaso de los países tiene nombre y apellido y la sociedad en su conjunto queda al margen.

La integración política necesariamente se vuelve un sindicato de defensa de los presidentes -víctimas y victimarios- del sistema político que ellos cada día ayudan a crear.

Las cartas democráticas, por más amplias e incluyentes que se vean, se vuelven más bien cartas de defensa de los mandatarios de turno. No importa lo que hayan hecho mal.

Hasta ahora, ninguna de estas organizaciones ha sancionado países en donde se haya intervenido a la función judicial, donde el Congreso haya sido limitado en sus funciones o donde existan violaciones sistemáticas a los derechos humanos de grupos vulnerables o ciudadanos comunes.

Se dirá que estos casos no existen, pero precisamente de eso se trata todo esto. De que no se admita que existen. Al parecer, las únicas crisis posibles en estos nuevos esquemas son aquellas crisis que afectan directamente a los presidentes y sólo aquellas donde ellos pasan por algún riesgo. ¿Por qué el Mercosur y la Unasur no esperaron a pronunciarse contra Paraguay después de que una misión establezca responsabilidades sobre la matanza de 17 personas en un desalojo de tierras, por ejemplo?

Si se habla de legitimidad política, más allá de la legalidad en el caso paraguayo, lo lógico sería esclarecer primero que nada la muerte de inocentes por posibles errores políticos en el ejercicio del poder. Pero tan solo ha importado que un mandatario amigo ya no está en el poder y las “formas” por las que fue depuesto.

Nadie está interesado en hurgar en las raíces del problema o en entender qué fue lo que llevó a que Lugo salga sin que un significativo número de paraguayos se molestasen en salir a las calles ni para despedirlo. Esto también puede explicar el pragmatismo de Brasil y su esmeró porque solo haya una respuesta ‘light’, a un golpe ‘light’. No habrá sanciones económicas, y Paraguay solo estará suspendido hasta que celebre nuevas elecciones.

De paso, la suspensión del Paraguay les cayó como anillo al dedo para que Venezuela ingrese al Mercosur por la ventana. Se ahorraron incómodas discusiones sobre la situación de la democracia en el país de Hugo Chávez. ¿Presidencialismo o integración?