Farith Simon

Lenín igualando a Correa

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Lunes 12 de agosto 2019

Lenín Moreno realizó, hace unos días, una declaración desubicada sobre el trabajo infantil, de esas que compiten por su insensibilidad con las que hacía el mismísimo Correa cuando era Presidente.

Se preguntarán por qué comparo al Presidente de la República con su antecesor. ¿Por qué sigo removiendo el pasado? La explicación es simple.
En estos días, el correísmo más recalcitrante, en su campaña de descrédito permanente, ha usado lo dicho por Moreno para compararlo con Correa y resaltar el “gran gobernante que teníamos”. Los que ahora se desgañitan criticando a Moreno, son los mismos que justificaban a su líder sosteniendo que lo que decía era “sentido del humor”, “sinceridad costeña” o la molestia era por un exceso de sensibilidad de quienes le criticaban.

Inconsistencia al margen (una señal de nuestros tiempos y la política), es difícil olvidar algunas de sus declaraciones. Por ejemplo al referirse a las mujeres, del que se dice defensor, dijo “Yo no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que es seguro es que ha mejorado la farra impresionantemente ... mejora el Buen Vivir” o “Puros vicios regala Raúl Castro: habanos, ron, solo faltaba que salga la mulata de la caja”. Al referirse a la vigilancia estatal, que ahora le parece inaceptable, sostuvo: “Si no hacen nada malo, ¿cuál el temor a que les espíen?”; y, al referirse a los cobros recibidos por un ex funcionario público de parte de una empresa privada (claramente un acto corrupto) sostuvo que era “un acuerdo entre privados”. En caso de que quieran recordar las muchas “perlas” de Correa pueden mirar la recopilación de Rosa María Torres en su blog (https://otra-educacion.blogspot.com/2013/10/perlas-presidenciales.html).

¿Qué dijo Lenin Moreno para competir con tanta insensibilidad e inconsecuencia? “Somos un país de emprendedores. La necesidad obliga, es por eso que ustedes ven en Guayaquil a un monito (…) de 5 años, que ya se ha comprado una cola, unos vasos plásticos y está vendiendo gaseosa en una esquina”. Así, como si nada, presentó a una de las expresiones más duras de la pobreza, el trabajo infantil, como un rasgo positivo, como una iniciativa de negocio. Trivializando un problema grave de alto impacto negativo en la vida de esos niños y niñas, enfrentados a responsabilidades prematuras que les colocan en situaciones de riesgo, impidiéndoles estudiar, jugar, disfrutar su infancia. El trabajo infantil es un síntoma de la exclusión, de la pobreza y da origen a un círculo perverso. De forma inmediata algunos de sus ministros intentaron matizar lo dicho y Moreno terminó lamentando su “símil con el niño costeño”.

Lo sucedido no es nuevo, es un ejemplo de cómo se ha desvalorizado la palabra presidencial, antes por la prepotencia, hoy por una suerte de chabacanería de quien confunde los mensajes presidenciales con las de un motivador y olvida el impacto de su discurso en la formación de los imaginarios y las valoraciones sociales.