Como en el Lejano Oeste…

Es difícil encontrar en la historia de los juegos de salón uno en que se haga con pistola humeante sobre la mesa. Sin embargo, lo acabamos de observar como el presidente de los EE.UU. lanzó al aire el tablero en un acto premeditado, directo y reconocido públicamente logrando desaparecer del planeta al general iraní Qassem Soleimani.

Impactan tres interrogantes claves: a.- ¿Es parte de una estrategia de varios capítulos y no uno aislado?; b.- ¿Se trató de una alerta o aviso, de alto costo, ante cualquier intención geopolítica rusa – iraní de expansión y consolidación y c.- ¿No hay que descartar un ejercicio maquiavélico para desviar el escenario estadounidense del “impeachment” al presidente Trump y convertir al mandatario en un exitoso líder guerrero?Superada la “sorpresa”, por razones académicas o de inteligencia estratégica, es necesario recurrir o desechar comparaciones con la historia; además, observar con perspicacia el entorno en sus niveles, mundiales y regionales.

En el primer caso es importante referirse a dos acontecimientos. El asesinato del Archiduque Francisco Fernando y su cónyuge el 28 de julio de 1914 como causa de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, al revisar ese hecho se lo descarta por diferencia sustanciales con el mapa europeo de ese entonces. Esa tragedia bélica se hubiese desarrollado por cualquier otra causa. Los ejércitos estaban en las fronteras y el espacio vital por las colonias era necesario conseguirlo a cualquier costo. Además, los imperios históricos- alemán, austro húngaro y otomano- habían caducado sin que sus dirigentes se hubieran percatado. El otro hecho son los prolegómenos de la Guerra Fría que empezaron en la conferencia de Yalta en 1945 y cuyos acuerdos permitieron armar los bloques y configurar las zonas de influencia que se mantuvieron a sangre y fuego hasta 1989. Como registro de aquella etapa, entre otros casos está Indochina y Argelia, el libro de Vargas Llosa sobe la Guatemala de Jacobo Árbenz, el pedido de auxilio de los revolucionarios húngaros en 1954 o el Chile de Salvador Allende.

Cuba fue una excepción por motivos nucleares.
Es posible que desde la óptica de Donald Trump se haya puesto orden al desbocamiento de Rusia con la alineación de Irán. Sin embargo, hay otros elementos que no se aclaran y aumentan en turbiedad. En el Oriente Medio se consolida una tensión que viene desde la mitad segunda del siglo XX. Conocemos ahora con claridad las miras de Rusia y al mismo tiempo un fortalecimiento de Israel y Arabia Saudita. En América Latina, México tiene para largo con el tema de la migración y la violencia. Venezuela y Nicaragua se extinguirán desde adentro y, diariamente, habrá que examinar el clima de Argentina y Brasil.

Ecuador, por su parte, sino logra una concertación política, económica y social, deberá esperar el advenimiento de un chef carismático, entusiasta y derrochador de caudales públicos. El anterior cocinero fugó, pero quedó la receta.

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