Sebastián Mantilla B.

Lasso: balance del 2021

El gobierno del presidente Guillermo Lasso, tras asumir en mayo un país con serios problemas en varios sectores, termina el 2021 con un balance más positivo que negativo.

Uno de los aspectos más destacados ha sido el proceso de vacunación. Actualmente cerca del 77% de la población (12 millones de habitantes) ha recibido las dos dosis, cumpliéndose con creces lo ofrecido en campaña.

Esto ha permitido frenar el número de muertes provocadas por la covid-19, retornar a la normalidad y regularizar las actividades económicas. No obstante, todo esto está peligrando con el aparecimiento de la variante Ómicron.

En cuanto al ámbito económico, el Banco Central del Ecuador estima un crecimiento del 3,55% para este año. El porcentaje de empleo adecuado está en el 33,7%. La inflación anual acumulada será, de acuerdo al INEC, del 1,51%. Sin embargo, estas cifras no llegan a igualar las del 2019 y, comparadas con el desempeño de otros países de la región, son muy modestas.

Más que destacar las medidas que se han tomado desde el Ministerio de Finanzas, de Industrias, de Agricultura o de Turismo para reactivar la economía (las cuales han sido casi nulas), la conducción de Lasso ha generado confianza, estabilidad y previsibilidad. Hay que tomar en cuenta que el proyecto de Ley “Creando Oportunidades”, presentado al Legislativo en septiembre pasado, no fue calificado. Eso impidió que la reforma laboral sea tratada, no así la reforma tributaria que pasó por el ministerio de la Ley luego de que la Asamblea no se puso de acuerdo para reformar o archivar el proyecto.

En donde sí se aprecian falencias es en el manejo del sector social. No hay avances significativos. Salió una ministra de inclusión social que no “dio pie con bola”. Pero tampoco están mostrando resultados importantes quienes la sustituyeron. El Presidente habla de la desnutrición crónica infantil como si fuese el único problema en el campo social.

¿Y la pobreza, la pobreza extrema, la violencia intrafamiliar, la marginación, la falta de acceso a los servicios de salud (salvo la vacunación, los problemas siguen), la mala calidad de la educación (en todos sus niveles), la inseguridad ciudadana, la cohesión social, etc.?

El combate de la desnutrición crónica infantil se ha convertido en el estribillo, el argumento y la condición que justifica el proceso de privatización del Banco del Pacífico y los pozos petroleros que están en manos de Petroecuador. Sin embargo, todos sabemos que los recursos para esto y las demás áreas de lo social pueden venir de otras partidas del presupuesto del Estado.

La gestión política, así como los temas de seguridad y de las cárceles, tal vez ha sido lo más deficiente. Lasso no tiene equipo. Esto es lo que ha hecho que los problemas en estas áreas se hayan agudizado. Esto tenderá a complicarse en el 2022.

El Ecuador tiene posibilidades de salir adelante. No obstante, debe instaurarse un auténtico espacio de concertación y de diálogo.

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