7 de February de 2011 00:00

La larga noche de los desaciertos

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Las sociedades no aprenden de las experiencias ajenas. Tienen que vivir en carne propia para tomar los correctivos, aunque sea tardíamente, con costos altísimos e irreparables, muertos de por medio e ingentes daños materiales. Antes fueron las dictaduras.

Ahora, con fachada democrática (Mubarak en Egipto) se ha hecho tabla rasa de la institucionalidad, se pisotea el ordenamiento jurídico, se irrespetan las libertades, se hace caso omiso de las normas que las mismas administraciones aprobaron y que no calzaron en sus objetivos personales, lo que demuestra que hicieron mal y no son demócratas. Los cambios son necesarios pero quieren que la institucionalidad se acomode al caudillo en lugar de someterse todos al esquema legal vigente.

El ejemplo de Egipto es claro y se ha querido imitar (Chávez en Venezuela). Aunque sea otra cultura y otra realidad en Medio Oriente, existen reglas generales que deben ser observadas en una sociedad moderna y permitir la alternabilidad democrática. Treinta años después de reelecciones, de tener adormecido al pueblo, cuya mayoría estaba contenta con las dádivas del poder hasta cuando se cansaron, vinieron los problemas económicos y se despertaron contra el Presidente.

Aquella era de las dictaduras sangrientas (Cono Sur) ya no tienen asidero. En esta época de las nuevas y ágiles comunicaciones resulta muy difícil silenciar a los pueblos pero sí se ha logrado pulverizar a las instituciones. Se ha entrado en otra dinámica, que aunque no sea nueva sí resulta efectiva: polarizar las posiciones, dividir a todos, incluidas las familias, en lugar de respetar y tolerar las diferencias, que son saludables si se dice que se vive en democracia, y buscar consensos y acuerdos en lugar de baños de sangre.

Luego de las largas y dolorosas experiencias, los pueblos despiertan desesperados para salir del pantano y concertar a como dé lugar. Esos pueblos se encaminaron de regreso mientras otros siguen de ida, sin reconocer la triste historia del pasado reciente.

No es posible que, como el caso de Egipto, hayan tenido que soportar 30 años de lo mismo, que terminó en el caos y por ello la posición mayoritaria de ¡nomás ya!

No se dan cuenta que existen instituciones que se han profesionalizado, el caso de las FF.AA., que como en Egipto (y así han actuado en forma reiterada en el Ecuador) dijeron un no rotundo a la represión al pueblo y dieron paso al reconocimiento legítimo de las protestas ciudadanas, en medio de una galopante corrupción. Por ello los famosos cambios para cubrir la retirada cuando les toque abandonar el poder. Lo grave de todo es que para que venga la calma tiene que pasar la tempestad y está muy larga la larga noche no neoliberal sino de los desaciertos, de vigencia de una opacidad democrática y de enfrentamiento entre todos.

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