9 de September de 2010 00:00

Jorge Ortega, ceramista

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Alexandra Kennedy-Troya

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Un amigo querido ha desaparecido. Nacido en El Ángel, Carchi, Jorge Ortega se radicó en Ibarra y desde allí ejerció la cátedra de arte y cerámica en la Universidad Técnica del Norte y por muchos años hasta ahora en el Instituto Superior de Artes Plásticas Daniel Reyes de Ibarra. Sus alumnos respetaban y querían al maestro de verdad que no dejó de ser un ejemplo como investigador de la cerámica, rara avis para nuestro país sobre todo porque aún hoy la pintura o recientemente las instalaciones, intervenciones y otras artes efímeras copan la atención de la crítica. Le acompañan al maestro decenas de exhibiciones en todo el país, viajes de estudio y sobre todo su presencia constante y desinteresada, soñando en que la cerámica volviera a ser parte de nuestra cotidianidad.

La cerámica artística, entonces, sigue siendo la cenicienta de las artes como si todo el bagaje milenario de este arte tuviese que seguir siendo un simple emblema de culturas desaparecidas. Compartíamos con Jorge, la preocupación de ver cómo las escuelas de arte del país poco o nada atendían artes como la cerámica, la cestería o la hojalatería. Seguían siendo “artes menores”, condenadas en exclusivo a su capacidad cada vez más reducida a ser objeto de uso. Sin embargo, muchos y muy buenos artistas, algunos formados como él en la Universidad Central del Ecuador, habían optado por el difícil y nada reconocido camino de la investigación. Juan Guillermo Vega, Papo Moscoso, Enrique Vásconez, Dolores Andrade, Consuelo Crespo, y por supuesto Jorge Ortega, con su pasión por los engobes y la reacción al fuego, son algunos de los nombres que vienen a la mente. Muchos pasaron por la Fundación Paul Rivet en Cuenca dictando o recibiendo cursos, participando de exhibiciones o salones de la cerámica, entidad que durante más de una década aglutinó a diseñadores, artistas y artesanos de la cerámica. Aún inédita, con el auspicio de esta institución se escribió la primera historia de la cerámica del país en donde las artes y la industria contemporánea recibieron un gran espacio.

Enfermo de leucemia, luchaba contra esta afinando un libro que sobre su vida y obra ha escrito Rodrigo Villacís y que acompañará una gran exposición de su arte que prepara el Centro Cultural Metropolitano de Quito para el mes próximo. Ha trabajado día y noche a pesar del dolor, luchando contra el tiempo implacable. No sabemos si él estará o no. Lleva días desaparecido al salir de su hogar en Ibarra. Quienes le conocemos solo deseamos su bien por el gran cariño que recibimos de él, el amor por su tierra. Por todo esto, no quiero olvidar sus grandes ojos mirando la laguna de Cuicocha extasiado, animándonos a dialogar con sus extraños seres de cerámica que literalmente se tomaron su casa, o convidándonos el mejor de los helados de palito que hacían en familia para subsistir.

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