Rodrigo Fierro

La cultura ecuatoriana

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Al jesuita Aurelio Espinoza Pólit, nuestro país le debe el haber creado a comienzos del siglo pasado la Biblioteca Ecuatoriana “para de este modo reunir y ordenar todos los sillares de la que ha de ser un día nuestra tradición nacional, religiosa, histórica, científica y literaria”. El afán de Espinoza Pólit: “rescatar y preservar los valores del patrimonio cultural del Ecuador”. Dotar a los pueblos que catequizaban en sus misiones de la escritura alfabética, para que supieran leer y escribir, fue una vocación de la Compañía de Jesús en Hispanoamérica. De ahí a la creación de las estupendas bibliotecas en Quito, Chuquisaca y Córdoba del Tucumán, una línea de pensamiento que apuntaba a la independencia de los pueblos conquistados.

Sí, logramos la independencia política de España, con cédulas de identidad demasiado recientes. Muy temprano como para que fueran configurándose los perfiles culturales que nos distinguieran de los otros pueblos del mundo. Reunir y ordenar los sillares en los que se cimentaría nuestra identidad cultural, fue el propósito de la Biblioteca Ecuatoriana. Hoy es una realidad espléndida, a la espera de que la estudien metódica y seriamente quienes por su formación están llamados a hablar de cultura ecuatoriana con propiedad. Son los escritos ecuatorianos en todos los campos la mejor fuente de información.

Un ciudadano grande de nuestro pequeño país, Benjamín Carrión, fue quien a mediados del siglo pasado creó la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE). Fue la continuación de la obra de Espinoza Pólit, diría yo. La casa, el hogar, según Fernando Tinajero, de escritores, artistas y científicos. Así llegó a ser la CCE que lleva el nombre del ilustre lojano. Hombre de sueños grandes Benjamín Carrión: hacer de nuestro país “una potencia cultural”, exorbitante respuesta ante la derrota que sufrimos en 1941, con todas sus consecuencias morales y territoriales. No habíamos logrado aún reunir y ordenar los sillares que nos servirían de fundamento para definir y hablar de cultura ecuatoriana.

Es con tal propósito que nos sumamos al empeño con la creación en 1972 del Centro de Documentos Científicos Ecuatorianos de la CCE. Dos galerías: la de científicos ecuatorianos ilustres y la de ilustres científicos extranjeros que estudiaron nuestro país, completaron el propósito. La mayor parte de tales documentos, investigaciones científicas publicadas en el exterior. La vida del Centro llena de sobresaltos, comenzando porque se le discute un espacio en el campo de la cultura (¡!). En estos días, su futuro incierto: ¿Forma parte de la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, dependencia del Ministerio de Cultura, o de la Biblioteca de la CCE Benjamín Carrión, o de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinoza Pólit? En eso de la cultura tienen la palabra la civilización y la barbarie.