Jorje H. Zalles

La irracionalidad colectiva

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Miércoles 09 de diciembre 2020

Este es el primero de tres artículos sobre la inquietante realidad en Estados Unidos. No el comportamiento antidemocrático y abusivo del presidente Donald Trump, quien es solo un individuo, más influyente y visible que la mayoría, pero a la postre igual a muchos en todas partes: inmaduro, egocéntrico, prepotente, carente de sentido moral y disciplina social, un sociópata dispuesto a desafiar las normas y la decencia hasta donde logre hacerlo. Conocemos a otros iguales.

Me refiero más bien a las actitudes de millones de sus seguidores que se niegan a aceptar el resultado de las elecciones e insisten contra toda evidencia que han sido fraudulentas, y además, en extraña conexión que es difícil de entender, niegan que el covid-19 sea real y se resisten a usar mascarillas y a mantener distanciamiento social para expresar su postura política.

Planteo que esta extraordinaria irracionalidad colectiva nace, como toda irracionalidad (también la suya y la mía cuando nos ponemos irracionales) del miedo y del sentido de amenaza. Esos muchos norteamericanos que siguen apoyando a un Trump desquiciado, que son preeminentemente blancos, más rurales que urbanos y más pueblerinos que citadinos, fueron amamantados con la creencia de que las condiciones
privilegiadas en las que nacieron y crecieron, muy superiores a las de la vasta mayoría del resto del mundo, son un derecho, una condición natural e inmutable que a nadie podía siquiera ocurrírsele quitarles. Pero en los últimos 50 a 60 años han surgido ideas, personas, movimientos sociales y políticos, fuerzas y realidades que les han quitado y amenazan con quitarles aun más la seguridad y el sentido de superioridad que jamás se les ocurrió que podrían perder, y que les parece totalmente injusto que pudieran perder.
Esas realidades tan amenazantes para ellos incluyen sobre todo a la creciente presencia de gente no blanca entre las élites de su país y de todo el mundo y el surgimiento general de negros y latinos en los EE.UU. Este es, creo, el elemento causal más esencial de su irracionalidad: no tanto un racismo en contra de nosotros, los de color café, negro, amarillo o cobrizo, cuanto una creencia paradigmática en la superioridad de ellos, los blancos, que les lleva a preguntarse cómo nos atrevemos los no blancos a siquiera competir con ellos por un lugar en el sol. Y como todo animal poco reflexivo atrapado por el miedo, están reaccionando no con algún intento por razonar, porque además su pretensión a superioridad racial es lógicamente indefendible y no susceptible de análisis o conversación racional, sino con los dos mecanismos de defensa más primitivos: la negación de la realidad, y la entusiasta afirmación de cualquier fantasía, por absurda que sea, que les haga sentirse más fuertes y, por ello, menos amenazados.