Javier Solana

Iraq clama por la unidad

valore
Descrición
Indignado 1
Triste 1
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 6
Viernes 27 de diciembre 2019

Project Syndicate
En una época caracterizada por la aparición de numerosos brotes de descontento popular alrededor del mundo, las manifestaciones que han forzado la caída del Gobierno iraquí están pasando relativamente desapercibidas en Occidente. Aunque se estima que la violencia perpetrada por las fuerzas de seguridad iraquís ha acabado ya con la vida de unas 500 personas, las convulsiones que ha experimentado el país en las últimas décadas han sido de tal calado que muchos parecen haberse insensibilizado a ellas. A esto se le añade otra realidad incómoda: a diferencia de lo que ocurre en Venezuela o en Hong Kong, la indignación social en Iraq se dirige hacia un régimen cuyo diseño lleva sello occidental.

Tras la derrota territorial del Estado Islámico, los iraquís retornaron en cierta medida al statu quo que prevalecía con anterioridad, aunque los efectos de la insurgencia salafista todavía se dejan notar hoy. El proceso de rehabilitación en el que se ha embarcado Iraq ha sido agridulce, ya que los flagrantes defectos del sistema político del país siguen sin corregirse. En lugar de aspirar a desarrollar una mayor cohesión identitaria, la Constitución iraquí de 2005—amparada por Estados Unidos— se contentó con instaurar un sistema de reparto de poder basado en criterios étnicos y religiosos. De este modo, la actual Constitución no logró fomentar la democracia, sino alimentar la espiral de sectarismo que ya afectaba al país, y que terminó conduciendo al surgimiento del Estado Islámico.

Resultaría excesivamente simplista atribuir todos los males de Iraq a la invasión estadounidense de 2003, así como a la inacabable lista de despropósitos que la acompañaron. Pero, desde luego, si algo merece el calificativo de simplista es la estrategia de cambio de régimen que trató de implementar Estados Unidos en Iraq, obviando de manera negligente que este tipo de políticas cuentan con un historial plagado de fracasos.

Al margen de cuáles fuesen las motivaciones primordiales de la Administración de George W. Bush, lo que es evidente es que Estados Unidos se obcecó en una intervención militar a las bravas que despreció los más básicos principios de la diplomacia. El problema no fue que los iraquís solamente entendieran el lenguaje de la fuerza, como algunos han sugerido de forma peyorativa e interesada, sino que el Gobierno de Estados Unidos no hizo esfuerzos suficientes por entender a los iraquís. De la fallida operación estadounidense tampoco se desprende que la democracia no pueda echar raíces en Iraq. Lo que sí ha quedado demostrado de forma fehaciente es que el afán estadounidense por moldear a Iraq a su antojo, y de la noche a la mañana, era absolutamente utópico.

El desgobierno que impera hoy, donde pluralismo equivale a clientelismo, es solo una parte del desolador panorama sociopolítico.