José Ayala Lasso

Insensatez de un nuevo paro

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Sábado 26 de octubre 2019

jayala@elcomercio.org

Cuando el pueblo entero no salía aún de su asombro por la visión dantesca de incendios y pillajes y comenzaba el tormentoso proceso de diálogo orientado a buscar soluciones mutuamente aceptables para el Gobierno y los manifestantes, el Frente Único de Trabajadores (FUT) anunció un paro para el 30 de octubre.

¿Nuevos paros cuando se ha empezado a conversar civilizadamente para llegar a acuerdos nacionales? ¿No era obvio prever, después de tal amenaza, la posibilidad de que, en el frágil ambiente de inestable paz trabajosamente alcanzado, fracasara el diálogo y retornaran la violencia y el delito, movidos por ambiciones políticas?

¿Era racionalmente concebible que, mientras se alistaban las mingas cívicas para limpiar los escombros morales y físicos causados por el vandalismo, el FUT hubiese decidido convocar un nuevo paro, por bien fundadas que hubiesen podido estar sus motivaciones?

El Ecuador exige un alto al fuego en las conciencias de todos. La reflexión y la sensatez, en gobierno y gobernados, deben imponerse. No ha pasado la crisis. Está latente. Fuerzas que operan en todo el continente y aún fuera de él están agazapadas esperando que la ocasión vuelva a ofrecérseles para ejecutar sus planes. Digo mal: no están esperando esa ocasión, están preparándola. Los tiranos de Venezuela ¿no han confesado que las metas fijadas del Foro de Sao Paulo están cumpliéndose y que su lucha se orienta a un conjunto de repúblicas soviéticas en Latinoamérica?

Todos los ecuatorianos debemos unirnos para salvar al país. Nuestra fuerza se fundamentará en la solidez de nuestra unión. La pretensión de crear un estado federal o que las comunidades tengan un ejército propio por un supuesto derecho de autodeterminación conspiran contra la ecuatorianidad.

Necesitamos urgentemente una sociedad más justa. Hay que empezar a construirla desde este mismo instante. Para ello, quienes más poseen deben contribuir eficazmente a fin de promover la igualdad y cambiar la suerte de los menos favorecidos, no con donaciones sino acordando, entre todos, un mecanismo institucional que se oriente hacia ese propósito. La democracia debe volverse más eficaz para castigar la corrupción e impedir que retorne el autoritarismo. Un estado moderno debe tener como objetivo prioritario no solamente la reducción de la pobreza sino la construcción de la justicia social. Esta aspiración es compartida por todos, pero las divergencias comienzan al definir los procedimientos para alcanzarla. En consecuencia, hay que dialogar, pero hacerlo sin prejuicios ni condiciones, y llegar a un acuerdo de base.

El FUT, seguramente después de meditar sobre las implicaciones de su anunciado paro, ha resuelto suspenderlo: he allí una decisión sensata y patriótica que el Gobierno debe valorar en todo su significado.