Abelardo Pachano

Inquietudes nacionales

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Sábado 31 de agosto 2019

1. ¿Por qué la crisis Argentina presiona a Ecuador y esto genera una comparación inevitable, sobre todo en los mercados financieros externos?

Lamentablemente América Latina ha sido considerada como una región propensa al mal manejo económico, por lo cual a los países que tienen algún grado de dificultad se los considera como parecidos, no necesariamente en la propia configuración de la problemática pero sí con la tendencia al incumplimiento de sus obligaciones. De ahí que lo que viene ocurriendo en el país del sur produzca cierto resquemor en los agentes económicos que mantienen lazos económicos con el Ecuador o en aquellos que lo miren con algún interés para futuras inversiones.

Obviamente no es un problema general de la región pues muchas naciones aprendieron las duras lecciones de las décadas de los ochenta y noventa y corrigieron su rumbo. Chile, Uruguay, Paraguay, Colombia, Perú, son algunos ejemplos de sociedades altamente inmunizadas a este tipo de contagio.

Tienen deudas limitadas y sus papeles son muy apetecidos, con tasas de interés bajas. Disponen de altas reservas e incluso de fondos de estabilización. Cuidan el equilibrio fiscal. Las balanzas de pagos tienen estructuras con buenas defensas frente a eventos imprevistos. La inflación la controlan muy bien y no le pierden de vista tienen. En fin no juegan con los preceptos de una buena política económica.

Ecuador no calza en ese grupo. Es un país que busca con cierta frecuencia romper los paradigmas que aseguran confianza y predictibilidad. Cree que las normas de prudencia y los equilibrios económicos son susceptibles de quebrantamiento sin consecuencia futura. La situación actual es producto precisamente del abuso politiquero de estos principios que llevaron incluso a poner en serio riesgo a la propia dolarización, que como se recuerda es el resultado también del mal manejo de fines de los noventa.

De ahí que cuando algo suena mal en la región, las miradas se vuelcan hacia el país que hoy tiene, al igual que Argentina un Programa de Estabilización con el FMI a tres años plazo, lo cual a la vista del mundo interesado en nuestra realidad, motiva su preocupación.

De hecho, el riesgo país aumentó por sobre los 700 puntos sin que nada nuevo se tenga presente, salvo las dificultades argentinas que llevaron su índice de riesgo a superar los 2.000 puntos, lo que en términos cristianos significa que los operadores del mercado creen que Macri pierde y el default está cerca. (¿Será así? No siempre los adivinos la aciertan). Por eso algunas calificadoras ya ponen a los bonos como SD (mora selectiva). Obviamente el mercado no quiere esos bonos. Se cerró..

2. Ecuador está en una segunda fase de revisión de los compromisos asumidos con el FMI. ¿Pasará sin contratiempos esta evaluación?

Al mirar la evolución de los distintos indicadores sometidos a evaluación: fiscales, monetarios, de balanza de pagos, reservas internacionales, endeudamiento, parecería que no existen problemas de una magnitud que puedan ocasionar dificultades en la apreciación del programa.

Sin embargo, ya es hora de conocer el contenido de las reformas estructurales convenidas y, en ese plano el gobierno parece que no llega a conciliar sus postura. Sigue el proceso lento de toma de decisiones que ya molesta a las expectativas de inversión y empleo.

Es posible que el informe a ser conocido por el directorio del FMI sufra algún retraso, con el consecuente diferimiento del desembolso correspondiente.

3. La Superintendencia de Bancos y el Banco Central promueven reformas al Código Monetario. Entre ellas, la revisión de funciones de la Junta de Regulación Monetaria. ¿Cuáles deben ser los cambios que se deben impulsar en el funcionamiento de esa Junta?

La más importante es recuperar la Institución que representaba el interés de toda la colectividad, el “tercero creíble”; aquel que le puede decir al gobierno que hace bien y que no; que le dice al sector privado cuáles son sus problemas; que cuida de la estabilidad del sistema financiero y del país; que ofrece información económica confiable; en definitiva, que es un organismo independiente del gobierno manejado técnicamente.

Segundo, que tiene el compromiso de cuidar las reservas internacionales cuyo monto mínimo debe ser el 100% de los pasivos monetarios que los tiene invertidos en papeles de alta liquidez y seguridad; que debe re capitalizarse sin entregar dividendos hasta tener unas reservas de por lo menos el 300% de los pasivos para recuperar el papel de “prestamista de última instancia”.

Que nunca puede financiar el déficit del sector público, ni directa ni indirectamente. Que tampoco es ventanilla del sistema privado. Es el organismo que puede ayudar a tener políticas contra cíclicas.

La Junta debe ser cuidadosamente estructurada, con participación de gente experimentada en política monetaria y financiera. Con asistencia de un representante del gobierno y de los supervisores bancarios (superintendentes). Con responsabilidades precisas.

Esta junta debería regular al sistema financiero, establecer los parámetros de solvencia y demás de las entidades que están sometidas a las superintendencias; fijar la política de liquidez, control homogéneo de riesgos; y comentar sobre decisiones económicas de otras entidades que afecten a la estabilidad o competitividad del país.

Las superintendencias deben velar por el manejo escrupulosos de los recursos encargados al sistema financiero; decidir sobre su intervención y liquidación.

apachano@elcomercio.org