Abelardo Pachano

Inquietudes nacionales

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Sábado 07 de diciembre 2019

1. ¿Qué lectura tiene de la nueva emisión de bonos de deuda interna y qué efectos tendrá?

Es la contraparte evidente del déficit fiscal y las necesidades de pago de vencimientos casi inmediatos del mismo tipo de deuda interna. No hay otra forma de cubrirlo una vez que se han agotado las medidas cuantitativas (clásicas) de control de gastos y por el momento no se avizoran fuentes de nuevos ingresos. Entonces, para responder a la pregunta digamos, aunque tenemos dudas fundadas de que el mal gasto y derroche han sido erradicados de todo el Estado nacional, que esta nueva deuda cubre esa brecha (en una parte) y otra sirve para reprogramar la existente

Obviamente en una visión de plazo corto, la eliminación del déficit fiscal, dependiendo de su tamaño (que en caso del presupuesto del Estado y no del resto del sector público, es alto) toma un tiempo en conseguirlo, pues no es posible podar los gastos de una forma violenta o aumentar los ingresos (vía tributos y eliminación de subsidios) en una proporción desmesurada, ya que ambas decisiones generan mayores desarreglos del que se busca corregir.

De ahí que, la programación requiere de varios períodos fiscales para conseguirlo y eso consta en el plan trianual convenido con el FMI. Ahora bien, las metas iniciales no se van a cumplir y eso se ve por la acumulación de nuevos gastos que provienen de obligaciones que se incorporan cada año al presupuesto, lo cual hace más difícil el regreso al mundo de los equilibrios macroeconómicos. Todo esto lleva a la solución del dilema fiscal con otra visión más compleja, que demanda más esfuerzo y más tiempo y, pasa por el cambio de conceptualización en el sentido de medir las variables no por la cantidad de recursos sino por la calidad de su uso. Por sus resultados.

Nadie debe pedir más recursos antes de someterse a una evaluación de la forma como usa los actuales. Educación, salud, Gads, universidades, en fin, todas las empresas y entidades deben disponer de una matriz de control de calidad de gastos; y, cuando se logre construirla y pueda ser controlada, ahí si se podrá tener una certeza del tamaño de gasto requerido, del ahorro potencial todavía no extraído y del tamaño que podrá tener todo el andamiaje público.

La mayoría de los servicios públicos son ineficientes, de una calificación entre regular y mala. Ahí cabe, un fuerte sacudón sobre la calidad que ofrecen y ese remezón pasa por la valoración del cumplimiento severo de las obligaciones entregadas a las instituciones encargadas de brindar esas atenciones, que con mucha seguridad llevaría a evaluar la verdadera necesidad de mantener numerosos servidores públicos, además de la utilización dispendiosa de recursos para la adquisición de bienes necesarios para esas tareas.

Todo lo dicho nos lleva de vuelta a la pregunta de un principiante en política económica cuando habla del gasto público: ¿Cuál es el papel del Estado en la Sociedad? Y, esta simple pregunta, fundamental, por cierto, no ha sido contestada por la sociedad. De ahí, que este campo económico deambule sin un horizonte conocido.

2. ¿Por qué el elevado déficit fiscal, que es un problema del Gobierno, termina afectando a toda la economía ecuatoriana?

Es casi un dogma que se lo ve con mucha frecuencia en los países ordenados: si el gobierno es severo en el gasto, además de pulcro y maneja los recursos con mucha responsabilidad, normalmente no tiene déficit y con ello asegura la existencia de reglas de juego (aplicación y estabilidad de la ley), que en conjunto permiten tener un horizonte prometedor pues todos saben que el principal actor de la sociedad mantiene una conducta ejemplar.

Representa, teóricamente el interés colectivo y para ello requiere la contribución de todos, lo cual significa aceptar un sacrificio por la vía de la entrega de una parte de los ingresos privados para recibir a cambio un conjunto de servicios fundamentales que no se sustentan o pueden ser llevados a la práctica dentro de la visión y el papel de las actividades privadas; y, disponer de una organización que defienda los derechos individuales, colectivos, refrene los abusos y esté atento al cumplimiento de las obligaciones con la propia sociedad.

Si ese Estado derrocha, es evidente que ocasiona un daño a las actividades privadas e incluso al interés colectivo pues reduce las potencialidades de crecimiento, cercena derechos, ocasiona conflictos, atrae inseguridad, pone en jaque a la certeza. En fin, distorsiona la organización, la saca de sus casillas, enerva las relaciones. Tan simple como eso o tan complejo como lo que se vive cuando ocurre.

3. El Gobierno no ha podido concretar reformas económicas (eliminación de subsidios y Ley Económica) y ahora se debate en la Asamblea un nuevo proyecto. ¿Qué está fallando para que no se aprueben esos cambios? ¿O no van en la dirección correcta?

Durante mucho tiempo, años, se advirtió al país de las consecuencias de tanto despilfarro. La sociedad poco hizo para evitarlo. El gobierno anterior rompió todos los principios de manejo económico sano y, ahora toca pagar y eso duele. Entonces, las instituciones públicas, las organizaciones privadas, las sociales ponen el grito en el cielo, pero saben que no hay alternativa, incluso sus alternativas son tan milagrosas que ni ellos mismo se lo creen o pueden defenderlas.

El ajuste es inevitable. Así de terminante. No hay como escapar de este nuevo mal trago. Y todavía falta mucho para sentir que las cosas ya están en su sitio. No hay duda alguna, que este y los siguientes gobiernos tendrán que lidiar con este monstruo creado con tanta maldad y cinismo.