Miguel Rivadeneira

Infamia con los pequeños

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Lunes 06 de mayo 2019

Es indudable que frente a los atropellos y violaciones de los derechos, entre ellos de la libertad de expresión, durante la década nefasta del correísmo, en estos dos años se respira un ambiente que ha permitido más apertura, lo cual no significa que todo esté bien. Hay espacio para la crítica y para señalar, con firmeza y con responsabilidad, los errores que se cometen como en todo régimen, sin que haya persecución ni espionaje de las actividades periodísticas.

A pesar de este reconocimiento nacional e internacional, existen todavía casos que debieran ser resueltos y que constituyen rezagos del régimen autoritario anterior, que para consagrar sus tropelías aprobó la Ley de Comunicación, que solo sirvió para perseguir, sancionar y amedrentar el libre ejercicio profesional.

Hay cosas que se han reparado y rectificado, pero aún quedan pendientes. Lo malo ocurre con pequeños que aún esperan decisiones. Ese es el caso de un pequeño radiodifusor de Morona Santiago, cuya estación había empezado a emitir su señal en el 2000 y fue cerrada arbitrariamente en el correísmo en abril del 2011, tras negarle la renovación de la concesión de la frecuencia del Estado a pesar de haber contado con informes técnicos favorables. No solo que le silenciaron sino que le destruyeron sus instalaciones y transmisores y se llevaron los equipos, que nunca le devolvieron a pesar de haber ganado luego un juicio y el Tribunal Penal que lo dispuso.

Todo por haber sido crítico de ese gobierno abusivo y prepotente. Una de sus denuncias locales, con ocasión de los juegos deportivos nacionales del 2008 en Macas, fue por presuntas irregularidades en los contratos de obras, a cargo del entonces ministro del Deporte. Eso fue corroborado en los procesos judiciales hasta llegar a sentencias condenatorias en varios casos protagonizados por los comecheques. A ese ministro le fue a visitar en la cárcel y a dar su respaldo, sin vergüenza, el prófugo en Bélgica.

Otro caso que denunciara: el mal funcionamiento de furgonetas adaptadas para ambulancias.
A tal punto llegó la persecución que en la época del otro fugado y que dejó botando el grillete, al radiodifusor de la Amazonia le impidieron arbitrariamente en el aeropuerto de Quito (octubre del 2011) que pudiera viajar a Washington a una audiencia de la Comisión Interamericana de los DD.HH., en la que se iba a conocer el caso de las violaciones a la libertad de expresión en el Ecuador.

Durante mucho tiempo ha hecho gestiones ante las diferentes autoridades del Estado, anteriores y actuales, incluido el Consejo de Participación Ciudadana Transitorio. Había comenzado un proceso de mediación con Arcotel en la Procuraduría del Estado. Le dan la razón, pero nadie asume la responsabilidad y arregla el problema. ¿Hasta cuándo tienen que esperar los pequeños?