Rodrigo Borja

Los ‘Indignados’

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Domingo 29 de enero 2012
29 de January de 2012 00:02

Un inédito episodio de masas ocurrió en España el 15 de mayo del 2011: miles de jóvenes de diferente procedencia política y social se concentraron en la céntrica plaza "Puerta del Sol" de Madrid para expresar su desencanto con la crisis económica, el desempleo, la corrupción política, la voracidad de los empresarios, los abusos de los bancos y el malestar social que imperaba en España.

Fue un movimiento espontáneo, no violento, con desbordes de alegría, cuyos actores se convocaron, no por los medios de comunicación convencionales, sino a través de teléfonos móviles e internet.

Sus miembros se autodefinieron como "ciudadanos de diferentes edades y extractos sociales cabreados por las traiciones que se llevan a cabo con el nombre de democracia". Y demandaron "¡democracia real, ya!".

La rebelión de los "indignados" se inspiró sin duda en el opúsculo "Indignez-Vous!" que había publicado poco tiempo antes el diplomático y escritor judío francés Stéphane Hessel —excombatiente de la resistencia francesa, torturado por la Gestapo, cautivo en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial y uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos—, en el que, a sus 93 años de edad, exhortaba a los jóvenes a abandonar la indiferencia e indignarse porque "el mundo va mal, gobernado por unos poderes financieros que acaparan todo".

El movimiento de los indignados tuvo ecos en países europeos, asiáticos y americanos y a las reivindicaciones originales se agregaron: la condena a la corrupción, el cierre de las centrales nucleares, la sostenibilidad ecológica, la reducción del gasto militar, la separación de la religión y el Estado, la educación pública laica y el repudio a los políticos y a los sistemas electorales que les "perpetúan en el poder".

Las jornadas de los "indignados" me recordaron el "mayo francés" del 68, que fue la rebelión estudiantil parisina con resonancias contraculturales de alcance mundial y réplicas en lugares lejanos del planeta.

En la coyuntura política de esos años, el pensamiento de Herbert Marcuse —que vislumbró el derrumbe de Moscú y la crisis del mundo occidental capitalista— galvanizó las viejas y nuevas inconformidades de la sociedad francesa y llevó a la juventud a pronunciarse en la rebelión callejera lo mismo contra el gobierno conservador, autoritario y bonapartista de Charles De Gaulle que contra la izquierda esquemática, que permanecía anclada al añejo dogmatismo estalinista.

Pero la "espontaneidad incontrolable" del movimiento —para usar las palabras de Dany "el rojo", líder del "Mouvement 22 Mars" en las jornadas francesas del 68— condujo las cosas hacia el "gatopardismo" de la novela de Giuseppe Tomasi: que algo cambie para que todo siga igual...