Fausto Segovia Baus

Los independientes

La crisis de los partidos políticos ha tocado fondo en el Ecuador. Los independientes -por obra y desgracia de los cambios de camiseta- superan la veintena en la Asamblea Nacional, y se aproximan a constituir, por primera vez en la historia, el bloque de mayoría.

El problema tiene raíces profundas: la falta de formación política de los dirigentes; la inconsistencia ideológica de los partidos; la inobservancia del código de la democracia; la supremacía de los intereses sobre los principios; la inexistencia de mecanismos constitucionales y legales para proscribir los cambios de camisetas, sin rendición de cuentas a los ciudadanos que los eligieron; las estrategias populistas; y, la indiferencia ciudadana, caldo de cultivo de un conflicto mayor: la anomia generalizada.

¡Sin partidos políticos no hay democracia posible! Son los músculos del Estado -el corazón y el cerebro-, donde se estudian y proponen programas y proyectos en la línea de los altos objetivos nacionales, el ejercicio pleno de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones correlativas.

Este enunciado no se aplica con rigor en el país, que mira con insensibilidad – ¡qué paradoja! – la multiplicación de movimientos y partidos políticos, sin consistencia doctrinaria y con fines, exclusivamente, electorales. Hay pocas excepciones. ¿Qué es lo que convoca a la gente a conquistar el voto popular? La respuesta teórica es evidente: el servicio a la comunidad, el logro del bien común, la vida digna para todos. Pero la práctica refleja lo contrario: el poder es utilizado para saciar apetitos ocultos, la búsqueda de ganancias fáciles y el enriquecimiento prematuro.

La proliferación de independientes es la punta del témpano de hielo. El Ecuador debe reconocer esta calamidad, y sobre la base de este reconocimiento diseñar un nuevo sistema de formación de partidos políticos, con el apoyo de las universidades y nuevos modelos de capacitación en gobierno y democracia, con sustento de las Ciencias Políticas, Jurídicas, Económicas, Culturales, Tecnológicas y Ambientales. ¡No hay alternativa!