Susana Cordero de Espinosa

‘‘No solo indemne,

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Martes 04 de junio 2019

Sino triunfador glorioso”, dice diario ‘El País’ del joven carchense Richard Carapaz, de su triunfo colosal, no suficientemente valorado aún por nosotros. He abierto cada día el periódico para saber lo sucedido etapa por etapa, y he encontrado su sonrisa, su naturalidad, su modesta alegría, tan de nuestro buen pueblo, hoy agradecido hasta el alma por su lucha y entereza.

Sí, ‘¡nosotros podemos!’, aunque el ejemplar, insólito Carapaz, sea único entre la abundancia de sinvergüenzas, espiritualmente mínimos, que nos abaten. No quisiera dejarme llevar por noticias poco esperanzadoras; gozamos de un ejecutivo decente, aunque en él estén algunos que no lo son, pero y los asambleístas, ¿trabajan? Sí, como veinte horas semanales por las que ganan, además, pasajes, viáticos, diezmos y primicias.

¡Cómo comparar lo que recibe un trabajador medio, de cuarenta o más sufridas horas semanales, con el quehacer de esos irresponsables que, en teoría, habían de cumplir para el pueblo la tarea más importante del existir político, pero fueron borregos insulsos y anodinos del nauseabundo correísmo o se acostumbraron a desaparecer! Necesitamos el juicio político y quizá otros más, a la madona que funge de presidenta de la Asamblea General de la ONU; en este ‘todo es posible’, parece que hasta piensa o que le ‘dan pensando’ presentar su candidatura a la presidencia de la república… Real de toda realidad, en un mundo como el nuestro, donde sujetos inviables llegan a puestos privilegiados y se atreven, como vemos y comprobamos cada día, a jurarse inmunes, intachables, presidenciables… Claro que es posible, como lo fueron, ¡lo son!, el trumpismo, el orteguismo, el castrismo, el madurismo, el correísmo, el bolsonarismo, el kirchnerismo, terribles muestras cotidianas de que en nuestros países lo impensable es viable, tanto en el bien, ¡querido Richard!, como en el mal.

¿Hasta cuándo esperar a que se apruebe una ley que autorice el aborto, al menos, a las niñas violadas? ¿Hasta cuándo darán a luz ‘a favor de la vida’, siete criaturas por día, si no son muchas más? ¿De qué vida, para ellas y para el niño nacido en tales condiciones? ¿Puede llamarse vida, acaso, la de una muchachita violada por su padre, su hermano, su cualquiera, obligada a nueve meses de martirio de los que apenas entiende, y a cargar con la criatura que, en lugar de alegría, trae miedo, amenazas, dolor, enfermedades y llanto al resto de su existencia? ¿Vida, la de una criatura nacida en tal infelicidad? ¿Hasta cuándo esperar una ley que dé a la mujer ecuatoriana la libertad de disponer de su propio cuerpo, no solo en casos atroces?; ¿hasta cuándo, una decente educación sexual, ilustración sin alarmismos, escándalos ni falsificaciones, que inicie a todos sobre nuestros valores y posibilidades?

Examinaremos los argumentos a favor y en contra del aborto. Quise hacerlo hoy, pero debí aludir al triunfo de Richard Carapaz, que nos compensa de desafueros.