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El inasible joven Assange

Hace dos años detonó la terrible “bomba cibernética”. Julián Assange, al mando de WikiLeaks, interceptó y publicó miles de documentos confidenciales de la diplomacia norteamericana cursados por internet, que contenían peyorativas, deprimentes o burlonas referencias a políticos de izquierda y derecha, del norte y del sur, del occidente y oriente.

Los documentos filtrados —que fueron seleccionados y publicados por Assange— afirmaron que la canciller demócrata-cristiana alemana Angela Merkel está situada en la retaguardia; calificaron a Nicolás Sarkozy de “frenético”, “impulsivo”, “errático” e “imprevisible”; afirmaron que Rusia que es un “Estado mafioso” con una corrupción generalizada y que “su gobierno es una oligarquía dirigida por los servicios de seguridad”

de Vladimir Putin —a quien llamaron “Batman”, en alusión al personaje de los cómics—; expresaron que los gobernantes de Cuba y Venezuela alojaban en su territorio terroristas de ETA y guerrilleros de las FARC; acusaron a Irán de buscar uranio en Venezuela y Bolivia para su programa nuclear; compararon al gobernante iraní Mahmud Ahmadinejad con Hitler; informaron que buena parte de la heroína procedente de Irán era procesada con opio afgano por los “Guardianes de la Revolución” iraníes; comentaron que el presidente del gobierno español José Luis Rodríguez profesaba un “izquierdismo trasnochado”; informaron que la plata de la droga y las “maletas llenas de dinero” enviadas por el presidente Chávez de Venezuela financiaron la campaña electoral de Daniel Ortega en Nicaragua el 2007 y que éste contrató como su secretario particular y asesor de la presidencia al ciudadano libio Muhamad Lashtar, sobrino de Muammar Gadafi y vinculado a sus servicios de seguridad; pusieron en duda la sanidad mental de la presidenta Cristina Fernández de Argentina; del presidente de Venezuela dijeron que era un “perro que ladra y no muerde”; informaron que el rey saudita Abdallah pidió a los Estados Unidos que adoptasen una solución radical para poner fin al programa nuclear de Irán; describieron al primer ministro italiano Silvio Berlusconi como irresponsable, inútil e incompetente debido a su dedicación a las “fiestas salvajes”; afirmaron que el gobernante afgano Hamid Karzai es un completo paranoico y que su hermano es un corrupto traficante de drogas; apuntaron que el líder libio Gadafi era un hipocondríaco perdido; dudaron de las posibilidades de infraestructura y seguridad de Brasil como sede de los Juegos Olímpicos del 2016.

Los documentos publicados por “WikiLeaks” revelan que este joven y genial cibernauta no responde a ideología política alguna. No es de izquierda ni derecha. Es un libre, travieso, anárquico, inasible y aideológico “hacker” que golpea a todos los lados, pero con demasiada frecuencia a las izquierdas.

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