Washington Herrera

Impuesto al patrimonio

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Martes 30 de junio 2020

La profunda recesión que sufre el Ecuador tiene consecuencias perversas en la vida de todos los ecuatorianos y desnuda el impacto de la desigualdad. El desempleo afectará a medio millón de trabajadores y el consumo disminuirá en forma concomitante ante la incertidumbre del futuro. Entonces bajarán las ventas y la producción, se romperán las cadenas de pagos y sin liquidez quebrarán empresas pequeñas y medianas. El Gobierno no podrá financiar el funcionamiento esencial del Estado y se paralizará, debido a que recaudará menos impuestos a la renta porque bajarán las utilidades, menos IVA, menos ICE, menos ISD, mientras las remesas de los emigrantes disminuirán. La gente pobre poco calificada no podrá incursionar en el teletrabajo ni sus hijos en la teleducación. Cuanto más se demoren en inventar la vacuna, los contagios y las muertes no cesarán y la pobreza de los trabajadores informales incidirá en la psicología colectiva y en las tensiones políticas. ”Las respuestas económicas convencionales para una recesión no van a funcionar hasta que las personas puedan volver a trabajar con seguridad” (Paul Romer, premio Nobel economía).

Los países compradores de productos ecuatorianos como China, Estados Unidos y Europa con recesiones fuertes disminuirán nuestras exportaciones, y escaseará el financiamiento pues ellos están entregando enormes cantidades de dinero a su población afectada para atenuar el parón económico. No habrá ingresos petroleros porque será pre vendida la producción de una década, y todo esto debilitará la dolarización.

Es imperativo tener conciencia de esta situación extremadamente grave para revalorizar una fiscalidad justa para vivir una democracia justa. Para ello necesitamos un modelo equitativo, sostenible, que viabilice un Ecuador justo, debatiendo con los mejores expertos de ciencias políticas, económicas y sociales para construir, con altura de miras y serenamente, una propuesta que cambie nuestra historia y prevenga un entorno de tensiones violentas que llevaría a un caos irremediable.

En el Ecuador ha habido un proceso de acumulación de riqueza por parte del 10% de una población ganadora, que captó la mayor parte de los frutos del crecimiento económico que promedió el 2% anual en los últimos 40 años. Las fortunas subieron a base de trabajo pero también por las buenas oportunidades y subsidios que ha brindado el país con el paternalismo petrolero.
Para corregir esta injusticia y preservar la dolarización, hay que pensar la creación de un impuesto anual y progresivo sobre el patrimonio acumulado, a partir de un monto elevado de modo que no se afecte al 90% de nuestra población que no pagaría nada. El asesor presidencial Manuel González, economista de la Reserva Federal de Estados Unidos, calcula que este tributo podría rendir mil millones de dólares anuales.