Enfoque internacional

Los improvisados

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Jueves 30 de agosto 2012
30 de August de 2012 00:03

‘La explosión el sábado en una refinería de petróleo en Venezuela, que ha dejado 48 muertos, es la más grave en el mundo de los últimos 25 años". Así comienza un recuento de la agencia AFP sobre los trágicos acontecimientos en la refinería de Amuay. No se trata, pues, de una simple explosión ni de un accidente de los tantos de la Pdvsa roja rojita, ocupada más en labores domésticas que corresponden a otros ministerios y hasta especulativas en el mercado de divisas, que nada tienen que ver con su misión definida desde que fuera nacionalizada por Carlos Andrés Pérez. Con los militares rojitos y los civiles que le sirven de compinches, Pdvsa ha perdido no solo su imagen de empresa que era orgullo del país y se ha convertido en una hidra de mil cabezas, que se ocupa de cualquier cosa que la pase por la afiebrada mente del comandante.

En esas condiciones y mermados los recursos para sus propios proyectos, Petróleos de Venezuela no solo dejó de invertir para renovar sus equipos, mejorar sus instalaciones y adecuarse a las nuevas realidades del mercado, sino que sacrificó muchas de las partidas destinadas a mantenimiento y seguridad.

De manera que la mesa estaba servida para que un accidente de gran magnitud ocasionara la trágica muerte a decenas de militares y civiles, además de causar destrozos en la población de los alrededores.

Nadie puede explicar ni identificar quién fue el idiota que colocó esas instalaciones militares tan cerca de una zona de alta peligrosidad que, de surgir una explosión, causaría un alto número de muertos de los guardias nacionales asignados a la custodia de la refinería. Aún no se sabe cuántos militares murieron, según el Presidente, todavía hay personal castrense que no ha sido localizado.

Luego de que ocurren estas tragedias es cuando los directivos se dan cuenta de que, por desidia, por falta de presupuesto, por improvisación en el nombramiento de los altos cargos, por falta de una cultura de mantenimiento y seguridad, etcétera, lo de Amuay era una tragedia anunciada.
Cuando el Presidente pide que no se especule sobre lo que causó la tragedia, de inmediato el venezolano se da cuenta de que está mintiendo y tapando el sol con un dedo porque un buen grupo de ingenieros y técnicos, en menos de 24 horas, puede preparar un informe previo sobre las fallas que ocasionaron la tragedia. No se trata de desembarcar en Marte, sino de conocer a fondo las debilidades y peligros de ese tipo almacenamiento y tomar precauciones.

El Presidente pide tiempo para montar un show y acusar a la oposición de sabotaje. Con esa trácala (para usar su propio lenguaje) solo logrará que caiga sobre su persona el desprecio y el rechazo de los venezolanos que no son fanáticos ni se prestan a farsas y mentiras oficialistas.

El Nacional, Venezuela, GDA