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Imposible para Chávez

Es cierto que Chávez ha perdido mucha de su popularidad. Pero de todas maneras su partido ganó holgadamente las últimas elecciones y él controla la mayoría del Parlamento. A pesar de la minoría de bloque que la oposición logró, es de esperarse que el gran populista se aplauda y se lauree por el apoyo logrado; por supuesto, con su característica vanidad.

Ocasionalmente -léase, con frecuencia- el electorado escoge a líderes “peculiares” para colocarlos en el poder. Chávez es solo un ejemplo elocuente, pero podemos encontrar otros ejemplo más lejanos, como Berlusconi o simplemente revisar la reciente historia nacional.

Pero cuando sucesivos procesos democráticos ratifican el apoyo mayoritario a estos políticos, se podría concluir que ellos realizaron la gestión acertada.

Considero que hay otros tipos de referendos que pueden ser mucho más demostrativos de la calidad de gobierno.

Simultáneamente a las elecciones venezolanas, en el país vecino de Brasil, Lula sometía su mandato a juicio nacional e internacional. En la Bolsa de Valores de Sao Paulo, la empresa brasilera Petrobras pujaba por la capitalización bursátil más importante de la historia.

La petrolera rompió un récord al levantar unos 70 billones de dólares. No solo es el colosal monto lo que sorprende, sino del hecho de que no se trate de una empresa privada, sino de una controlada al 55% por el Estado brasilero.

Los inversores no están apostándole a la administración de un CEO salido de Harvard, sino directamente al Gobierno brasilero. Y, en este caso, no fue gente pobre que se esperanzó con discursos populistas; los entusiasmados fueron JP Morgan, HSBC, Société Générale, Citigroup, entre otros. No se pudo haber imputado el resultado a la manipulación de los medios, o a sentimientos emotivos vinculados a una ideología. Ni se trata de la transmisión de un voto que no tiene valor económico. Se trata de analistas profesionales que se sumergieron en los datos de la administración de la empresa, en el estado del sistema jurídico brasilero, en proyecciones de estabilidad política, institucionalidad, crecimiento.

Todo esto para terminar votando a favor de confiar al Gobierno de Brasil su dinero, su adorado dinero.

Captar el voto de un electorado o captar el dinero de cientos de inversores, ¿qué refleja mejor el éxito de la gestión política? Obviamente, no se puede descartar enteramente uno a favor de otro, pero sí es posible modular los éxitos alcanzados en uno en función de otro.

Tan airados suelen estar ciertos líderes de sus victorias electorales, ¿por qué no someten su popularidad a una sesión bursátil? O al menos deberían modular sus discursos triunfalistas cuando el electorado inversor mundial está votando en otro sentido.

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