Grace Jaramillo

‘Impeachment’

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Domingo 06 de octubre 2019

Finalmente, el proceso de juicio político a Donald Trump ha empezado. Esta vez su violación a la Constitución y las leyes electorales estadounidenses son flagrantes salieron ya de su propia boca. El pidió y sigue pidiendo al gobierno de Ucrania que investigue a quien enfrentará en las próximas elecciones, Joe Biden. Es más, el viernes pidió públicamente a China que investigue a Biden y a su hijo y se sabe que el Secretario de Estado y el Secretario de Justicia han viajado por el mundo no precisamente en misiones de política exterior, sino tratando de enlistar gobiernos en la guerra sucia de su Presidente contra los demócratas. Esto apenas ha sido el corolario de una larga lista de abusos de poder, tráfico de influencias, violaciones a los derechos humanos de migrantes de un populista con extremas tendencias autoritarias y sin ningún escrúpulo.

Pero la personalidad narcisista de Trump no es eje de la historia, sino las consecuencias para las instituciones democráticas de cualquier país si nadie pone un freno a tiempo a tentaciones autoritarias. Y eso los ecuatorianos lo conocen de primera mano. El repertorio ya todos los sabemos. Para empezar todos quienes lo critican, son sus enemigos declarados. Como los que siempre empiezan a hacer preguntas incómodas y críticas con sustento, la prensa es declarada mentirosa (‘fake news’ ya se convirtió en muletilla para mucha gente desde 2016). Lo siguiente es más simple, una vez que lo primero se vuelve popular: declarar a la prensa enemiga del pueblo. Y, por supuesto, no es que los caudillos autoritarios renuncian a tener prensa: sólo optan por una prensa oficial que defiende todo lo que hacen. Hay que reconocer que Trump es buen negociante ya que obtuvo su canal ‘oficial’ -Fox News- sin siquiera de desembolsar dinero del Estado. La concentración de canales del estado costó muchísimo a los ecuatorianos en la era correísta.

Siguiendo el guión autoritario, el Partido Republicano se convirtió en el principal legitimador de todas las violaciones al régimen democrático que siguieron. Y la función judicial está seriamente comprometida, con decenas de jueces, sin contar los dos jueces de la Corte Suprema, electos en estos dos años, comprometidos con el proyecto conservador, no con el estado de derecho. Finalmente, Trump logró subvertir y corromper la política exterior del país más poderoso del mundo para beneficio personal del Presidente y su familia. Y esto es decididamente lo más peligroso. El poder militar y económico de EE.UU. es aún incomparable y tan sólo pedir a cualquier país ‘un favor’ a cambio de ayuda militar o económica no era más que extorsión. Ahora sabemos además que -como todo caudillo autoritario- también ha subvertido la institucionalidad y profesionalismo del servicio diplomático estadounidense, pasando por encima de ellos y anulando sus asignaciones, con fines corruptos. El ‘impeachment’ puede ser la última oportunidad de salvar la democracia estadounidense.