Jorje H. Zalles

Harari y el libre albedrío

valore
Descrición
Indignado 4
Triste 3
Indiferente 5
Sorprendido 0
Contento 7
Miércoles 09 de enero 2019

jzalles@elcomercio.org

Yuval Harari, autor de Sapiens y Homo Deus, publicó hace poco un artículo en ‘El País’ de Madrid al cual me siento en la necesidad de responder.

Harari plantea que el libre albedrío “es un mito”: aunque creemos que tomamos decisiones, éstas en realidad “dependen de nuestros genes, nuestra bioquímica, nuestro sexo, nuestro origen familiar, nuestro cultura nacional, etc.; todos ellos, elementos que no hemos elegido,” y que “tener fe en el libre albedrío es peligroso. Si los Gobiernos y las empresas logran hackear o piratear el sistema operativo humano, las personas más fáciles de manipular serán aquellas que creen en el libre albedrío; (...) cuando logren piratearnos, no solo podrán predecir nuestras decisiones, sino (...) manipular nuestros sentimientos.”

Planteo, primero, que el libre albedrío no es “un mito”: es una idea en cuya validez muchos creemos, a partir de la experiencia, que constituye válida evidencia, de haber elegido muchas veces entre uno y otro posible curso de acción.

Segundo, Harari plantea el tema en términos de una dualidad (o se es totalmente libre, o no se lo es en absoluto) que hace que nuestras decisiones “dependan” de todas aquellas variables “que no hemos elegido”. Me parece más apropiado pensar que nuestras decisiones son influidas por esas y otras variables, pero que no por ello deja de haber, en la toma de decisiones, un ejercicio de libertad, entendida como condición relativa, no absoluta.

Y tercero, propongo que en aquel momento, que Harari anticipa, cuando “los Gobiernos y las empresas logren hackear o piratear el sistema operativo humano”, los más difíciles, no más fáciles de manipular seremos aquellos que creemos en el libre albedrío como una condición conscientemente valorada, desarrollada, estimulada y defendida.

Harari plantea preguntas válidas: “¿Cómo funciona la democracia liberal en una era en la que los Gobiernos y las empresas pueden piratear a los seres humanos? ¿Dónde quedan afirmaciones como que “el votante sabe lo que conviene” y “el cliente siempre tiene razón”? ¿Cómo vivir cuando comprendemos que somos animales pirateables, que nuestro corazón puede ser un agente del Gobierno, que nuestra amígdala puede estar trabajando para Putin y la próxima idea que se nos ocurra perfectamente puede no ser consecuencia del libre albedrío sino de un algoritmo que nos conoce mejor que nosotros mismos?”

La respuesta, planteo, no cambia porque sean más eficaces los medios tecnológicos a través de los cuales puedan tratar de influir en nosotros: la respuesta sigue estando en algunas de las premisas esenciales del liberalismo: debemos criar y educar para ampliar la consciencia de la existencia misma del libre albedrío, para fomentar la afirmación de su validez, y para estimular la voluntad de ejercerlo.