Podcast: Entérese con EL COMERCIO, 25 de junio del 2021
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Guillermo Lasso y su optimismo

Si alguien habla con frecuencia de su humildad o de sus logros, es probable que sea una persona insegura. Quizás no es raro en tiempos de incertidumbre pandémica que un presidente haga un gran despliegue, con plata del Estado, para decir al mundo lo bueno e incomprendido que fue, o que un ex presidente lance un hit editorial para decir mucho de lo que no pudo ante la justicia.

Arroyo del Río vertió bastante tinta para tratar de voltear el juicio de la historia; no me imagino en cambio a Velasco Ibarra, a Galo Plaza o a Isidro Ayora en esos trances. Alfaro, en su último viaje, conservaba con preocupación los manuscritos, no de su propia visión como estadista, sino de la historia del tren.

Pero cada uno es lo que es y no precisamente lo que dice que es, y el juicio que perdura normalmente no sale de su puño y letra ni del de sus corifeos, sino de los otros. Le va tocando el turno de entrar a la historia a Guillermo Lasso. Llega en un momento muy difícil en todos los aspectos posibles y sin embargo luce optimista sobre lo que podrá lograr. Le parece posible darle forma al concepto del encuentro, reconociendo el espacio a todos los actores.

Ya sabe que serán necesarios más de los 100 primeros minutos de su mandato para arreglar el desastre, como decía hace unos meses, y prefiere esperar el cambio de mando para evaluar las cifras de vacunados y vacunas, algo urgente cuando las autoridades ya hablan de nada menos que de 40 millones de dosis, pero hasta la fecha solo han llegado algo más de 2 millones y se han aplicado 1,2 millones, una cifra bastante lejana al objetivo anunciado por el Gobierno para este Día de la Madre.

También está consciente de que -tal como dijo Lenin Moreno y es bastante notorio- no habrá mesa servida. Y prefiere esperar para evaluar las cifras del déficit, aunque en general cree que no son tan pesimistas como aparecen. Uno de los empalmes reales que están haciendo los dos gobiernos es la visita de los ministros de Finanzas saliente y entrante a los multilaterales, con miras a ajustar el programa con el Fondo Monetario Internacional.

Un asunto muy complicado será lidiar con la gobernabilidad, lo cual no solo pasa por la Asamblea sino por el reconocimiento a nuevas sensibilidades sociales que han aflorado en los últimos años tras decenios de represamiento, en muchos casos con verdaderas explosiones. Lasso señala que es gobernante de quienes votaron por él y de quienes no lo hicieron, y que su obligación es conversar con todos los representantes de ese país diverso.

Sobre la libertad de expresión: derogatoria de la Ley de Comunicación; adiós a las cadenas y a los conversatorios solo con quienes le convienen al poder; comparencia regular de los funcionarios ante los medios; tolerancia a la opinión ajena; no uso de los medios públicos…

Ah, y austeridad a partir del ejemplo. Buena suerte, presidente electo Lasso, la tarea es muy ardua. Ya el mandante juzgará los logros.