Francisco Rosales Ramos

Gracias Latacunga

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Miércoles 18 de diciembre 2019

La caballerosidad e hidalguía de los latacungueños han hecho posible que la feria taurina de Quito, que fue por muchos años el centro de las fiestas de la fundación española de la ciudad, se traslade a Latacunga y cobre cada año mayor solera.

Estos 5, 6 y 7 de diciembre, la plaza San Isidro Labrador reunió a las principales figuras del toreo, como José Antonio Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey, El Fandi, Enrique Ponce y Miguel Ángel Perera, que, con toros bravos y nobles, de las ganaderías Huagrahuasi y Triana, de José Luis Cobo, llenaron las expectativas de la afición, con verónicas, chicuelinas, delantales, revoleras, naturales, manoletinas y forzados de pecho, para rematar con estocadas en todo lo alto, dignas del noble animal. Tres toros indultados, uno de vuelta al ruedo y cuatro ovacionados en el arrastre; 12 orejas y 3 rabos entre el jueves 5 y el viernes 6, resumen la casta y nobleza de toros y toreros. Y a ello se agregan las 5 orejas cortadas en el Festival Virgen de la Esperanza de Triana del sábado 7, en el que Morante, que toreó para sí mismo, ejecutó el antiguo Quite del Bú y colocó el tercer par de banderillas a su novillo.

Más del 90 por ciento de los aficionados que ya por casi una década llenan el coso de Latacunga, son quiteños que, añorando la feria de su ciudad, gritan a cada momento el ¡Viva Quito! Y cantan con fervor el himno a la ciudad el 6 de diciembre, sin que esto moleste a los anfitriones, que se suman al festejo de los capitalinos. De paso, bueno habría sido que también se cante el himno a Latacunga, en agradecimiento a la generosidad de sus vecinos.

La eliminación de la Feria Taurina Jesús del Gran Poder que por más de 50 años había concitado la atracción de los aficionados de varios países de América y Europa, fue parte de la arremetida del odio, la venganza, los complejos y la amargura que por diez largos años prevalecieron en el país. La voluntad omnímoda del caudillo y su afán de permanecer indefinidamente en el poder y para ello dar gusto a grupos radicales, prevaleció sobre toda otra consideración. Así se manipuló una consulta popular de alcance cantonal, que pese a la descarada propaganda oficial y a los vericuetos del conteo de resultados, apenas superó el cincuenta por ciento de votos favorables para la prohibición de las corridas de toros.

En Francia, cuna de la cultura, se realizan cada año más de 200 corridas de toros, la tauromaquia ha sido declarada patrimonio cultural de ese país y la plaza de Nimes por el número y calidad de sus festejos, es considerada la tercera en el mundo, luego de Madrid y Sevilla.

Más allá de que Quito vuelva a disfrutar de la Feria Jesús del Gran Poder, su afición se mantendrá viva mientras Latacunga acoja con caballerosidad a sus aficionados.

frosales@elcomercio.org