Gonzalo Ortiz

Universidad y futuro

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Jueves 29 de noviembre 2018

La necesidad de ajuste a la que se ve abocado el Gobierno, incluso con ingresos que los expertos dicen que están sobreestimados (supuestos demasiado optimistas sobre el precio del petróleo, su producción, mil millones por unas inciertas concesiones y los que provendrían de impuestos como IVA e ISD cuando la economía permanecerá estancada), ha llevado a que en la Pro forma presupuestaria haya recortes en algunos sectores. Especiales reacciones causaron los de la educación en general y de las universidades públicas en particular. Tras las protestas, el Presidente prometió no recortar los 145 millones que se les había desmochado, pero no se sabe aún cómo lo va a financiar.

La única salida es apostar fuerte por la educación. La economía basada en recursos naturales renovables y no renovables impedirá el salto a la economía del conocimiento y nos condenará a seguir siendo proveedores de una parte mínima y secundaria de la riqueza mundial, profundizando nuestro subdesarrollo para siempre. A mediano plazo, el Ecuador debe incrementar masivamente la cantidad de graduados universitarios y de tecnólogos (de allí que resulta asombrosa la perversa política educativa de Correa de eliminar los colegios técnicos y dar tan poca importancia a los institutos postbachillerato).

Eso también se juega en cada una de las universidades. Mañana justamente la más grande de Quito, la Central, tomará en las urnas la decisión sobre el período 2019-2024. Viene de un pequeño pero notable período de mejora respecto de las décadas anteriores, por su conducción seria y eficiente. La modernización de la administración académica (en los procesos de matrícula y graduación, por ejemplo, o en el control de la asistencia de los profesores), los avances en la infraestructura física y tecnológica (su centro de datos es ahora uno de los más grandes de la región), el salto en investigación (de 60 artículos indexados en Scopus en 2014 a más de 300) y en número de doctorados (de 39 profesores que cursaban estudios de cuarto nivel se ha pasado a 471, de los que 188 son mujeres, todos con becas) están entre los logros más apreciables. Estos y otros resultados serán juzgados mañana por los votantes, pues el Dr. Fernando Sempértegui, quien los ha liderado como rector, aspira a la reelección.

Para eso fue necesario sacudirse de una política clientelista que le hizo mucho daño a la universidad, sus estudiantes y sus profesores. Nadie quiere volver a eso, que implicaba una opacidad en la administración e inclusive falta de protección a los derechos de los estudiantes, cerrando los ojos ante abusos sexuales y de autoridad. Ojalá profesores, administrativos y estudiantes, resuelvan continuar en la senda para volver a la más antigua universidad del Ecuador en la más moderna y cargada de futuro.