Vicente Albornoz Guarderas

Lo gastado, lo pagado y por pagarse

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Domingo 27 de diciembre 2020

Como era de esperarse, un año con tan pocos recursos le obligó al Gobierno a reducir su gasto. No sólo a atrasarse en los pagos, si no a incurrir desde el principio en menos gastos. Lo trágico es que, a pesar de esa importante reducción del gasto, los ingresos cayeron todavía más y bien podría ser que cerremos el 2020 con un déficit fiscal récord.

Entre enero y septiembre, la totalidad del sector público gastó unos USD 24.900 millones, un 11% menos que en los mismos meses el año 2019. Bajar el gasto en ese porcentaje en año de crisis es un importante esfuerzo fiscal pero, como se verá, todavía es insuficiente.

Es insuficiente porque los ingresos del sector público cayeron en 20% como resultado de la bajísima recaudación de impuestos y porque los ingresos petroleros se desplomaron (por la rotura de los oleoductos y la caída del precio del barril). Por eso la brecha entre ingresos y gastos, el “déficit fiscal”, subió significativamente frente al año pasado y a septiembre ya se ubicaba en USD 3.000 millones.

Para complicar aún más las cosas, el Gobierno ha estado tan, pero tan apretado de platas, que no ha podido pagar, ni de lejos, todas sus obligaciones. En otras palabras, ha incurrido en atrasos. Y eso se ve con especial claridad hasta septiembre, porque justamente el 1 de octubre el país recibió el primer desembolso del FMI, algo que permitió arrancar evacuando atrasos.

Hasta el 30 de septiembre, los atrasos del Gobierno (algo que no es fácil de calcular) deben haber estado en unos USD 4.000 millones, algo que tenía a la economía tremendamente apretada.

Cuando el Gobierno, el principal agente económico de un país, entra en niveles tan enormes de no pago, la economía entera empieza a resentirse y los atrasos empiezan a contagiarse. El Gobierno no paga ni a sus proveedores, ni a sus empleados, ni transfiere las asignaciones a los municipios y ellos, a su vez, no pagan a quienes les vendieron cosas o simplemente dejan de comprar. Eso frena violentamente a la economía.

Así estaban las finanzas públicas cuando en octubre llegó ese primer desembolso del FMI por USD 2.000 millones y, aunque esta semana llegaron otros 2.000 del mismo Fondo y a pesar de algunos desembolsos que han llegado de otras multilaterales y del respiro que implicó la renegociación de la deuda en bonos (no se ha pagado ni un centavo desde inicios de marzo), todo indica que se cerrará el año con unos USD 1.500 millones de atrasos.

Y así terminará un año con un Gobierno al que, por más que se ajustó, no le alcanzó la plata. Ese es el punto de arranque perfecto para que todos los candidatos a la Presidencia tomen conciencia del enorme reto que significará administrar el país si llegan a ganar esa elección.