Ileana almeida

Creo en el fútbol

Es imposible no creer en él fútbol. Por algo es estudiado por pensadores e intérpretes de la cultura. Es modernamente, sin duda, el ritual por excelencia: mueve el placer, la fe, el miedo, el éxtasis, la expectativa, el espíritu de competencia y a la vez, el sentido de equipo, y de pertenencia.

El fútbol moderno recuerda las solemnes ceremonias de los pueblos antiguos que tenían juegos de pelota:  persas, griegos, romanos, chinos y otros pueblos lejanos lo tenían, mientras en América, los destacados son los aztecas y los mayas. En la más remota antigüedad, en vez de pelota, se usaba una bola de fuego para significar al sol. 

Pero, ¿tenían juego de pelota los inka- kechwas? Claro que sí, y aún es practicado en Quispi Kanchi, una de las provincias del departamento del Cuzco.  Es parecido al jokey de hierba y se juega entre dos equipos que compiten por llevar a la pelota a su lado de la cancha, la división   dual de la cancha significa la partición dual ancestral de las comunidades kechwas en Hanan y Urin (alto y bajo).

El juego se llama llamado chiuko y consiste en impulsar a nivel del suelo una bola de madera.  El número de jugadores varía, también cambia el tamaño de la pelota dependiendo de si los jugadores son hombres o mujeres, pero hay una norma inamovible: para tomar parte como jugador o jugadora debe cumplir cierta regla, solo los que antes del juego han practicado labores de campo y han estado en contacto con la tierra pueden jugar.

 De aquí se desprende que es un juego de carácter cósmico dedicado a la Pacha Mama y al Inti y que los jugadores se vuelven figuras santas también.

Es una suerte que en Quispi Kanchi se mantenga el juego de la pelota, aunque colonizado en parte, por la Iglesia católica. Así podemos admirar la belleza y dar rienda suelta a nuestros afectos, cómo ahora con los partidos de fútbol del Mundial.