Fausto Segovia Baus

Fundación del Ecuador: hito histórico

Ecuador nació como Estado el 13 de mayo de 1830, tras concluir un período de inestabilidad política luego del proceso independentista.

Durante el período independentista, formamos parte de la Gran Colombia hasta 1830. En esos ocho años la República de Ecuador no existió. El Distrito del Sur –correspondiente a la antigua Audiencia de Quito- quedó al mando del Prefecto General, Gral. Juan José Flores. El Distrito del Sur estuvo integrado por tres departamentos: el Departamento de Ecuador, con el norte del país con Quito como capital; el Departamento de Azuay, (el austro ecuatoriano) con Cuenca como capital; y, el Departamento de Guayaquil, con jurisdicción en toda la Costa.

El 13 de mayo de 1830, el Departamento de Ecuador, mediante acta firmada por una Asamblea de Notables de Quito, resolvió retirarse de la Gran Colombia, y pasó a formar un Estado independiente con el nombre República del Ecuador. El Gral. Juan José Flores, de origen venezolano, fue designado Jefe Supremo del Gobierno.

En consideración a que los Gobernadores de los dos departamentos, tanto de Guayaquil, como del Azuay, estuvieron bajo el mando del Gral. Flores, la Asamblea de Quito, resolvió encomendarle su integración a este nuevo Estado. Y el 19 y 20 de mayo de 1830, se adhirieron a la nueva República.

En uso de sus funciones, el General Juan José Flores convocó a una Asamblea Constituyente el 14 de agosto de ese año, en Riobamba, con el fin de expedir la primera Constitución Política. El 22 de septiembre de 1830 se expidió la primera Constitución, que declaró a los Departamentos del Azuay, Guayaquil y Ecuador consolidados en un solo país independiente con el nombre de Estado del Ecuador. Juan José Flores fue ratificado en el poder como Presidente, y el guayaquileño José Joaquín de Olmedo, Vicepresidente.

La fundación del Ecuador debe ser reconocida como fiesta nacional. Sería interesante que el país se interese en este tema, y reconozca esta fecha -no como una vacación más-, sino como un hito histórico que debe celebrarse con civismo.