Manuel Terán

Frente de izquierda

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Miércoles 07 de septiembre 2011
7 de September de 2011 00:02

En las anteriores semanas, buscando posicionarse para los comicios que se deberán realizar en aproximadamente dos años, han aparecido los mismos rostros de los activistas de izquierda que en la última década han venido pregonando el cambio, muchos de ellos habiendo sido parte activa de los pasados gobiernos y del actual, pero que ahora, vaya uno a saber las verdaderas razones, se hallan distanciados. Mencionan que esta vez sí llevarán a cabo un programa de transformación apegado a los postulados que, supuestamente, en un principio también fueron abrazados por el grupo que se halla en el poder. Habrá que recordar que muchos de estos movimientos y partidos apoyaron al coronel golpista para que llegara a Carondelet. Otros, incluso, participaron en el gobierno de la “regalada gana”. Más aún, un colaborador cercano a un subsecretario de esa época ahora tiene una alta investidura y muy buena aceptación popular. Han sido activos protagonistas en la política contemporánea y, en buena parte, copartícipes de acciones del presente Gobierno.

No queda claro cuál es la verdadera línea divisoria con el grupo en el poder. Parecería que se trata de una ruptura por divergencias de índole formal pero realmente, en el fondo, se han aplicado las tesis que la izquierda ha pregonado siempre. Difícil pensar que habría más democracia con el grupo que controla los gremios educativos y que sus huestes fueron solícitas para sacar a palos a los antiguos miembros del entonces llamado Tribunal Constitucional, siendo funcionales a los intereses oficiales cuando les necesitaron. Quizá por las apariencias se produjeron distanciamientos cuando grupos cercanos a ellos tomaron por asalto el Rectorado de la universidad pública y apalearon a las autoridades. Algo reprochable.

Pero nadie medianamente informado puede creer que esos grupos sean proclives a un verdadero ejercicio democrático, marcado por el respeto a los opositores y a los que opinen en contrario. ¿Qué demostraciones de participación democrática nos han brindado? ¿Mientras estuvieron al interior del Gobierno acaso fueron críticos de excesos cometidos? ¿Han hecho conocer los contrapuntos que mantienen con el régimen? ¿Tendrían acaso una posición diferente en materia internacional que la actual?

No hay que desconocer, eso sí, cierto olfato para adelantarse a las circunstancias. Han dado un paso importante para situar en la imaginación colectiva una aparente discrepancia con el actual régimen, para curarse en salud en el evento que el desgaste empiece a corroer la popularidad de los gobernantes. Pretenderán presentarse como lo novedoso, lo vanguardista, cuando han sido parte de este proyecto, sus ideólogos e impulsores. Ante todo no quieren quedarse sin discurso. Tarde o temprano, la historia sabrá colocarlos en el lugar correspondiente. Las nuevas generaciones sacarán sus propias conclusiones.