Jorge Salvador Lara

Fernando Ortiz Crespo

valore
Descrición
Indignado 7
Triste 1
Indiferente 2
Sorprendido 5
Contento 5
Lunes 31 de octubre 2011
31 de October de 2011 00:02

Diez años después de su deceso, la comunidad científica ecuatoriana recuerda con admiración, respeto y afecto la vida y obra de Fernando Ortiz Crespo (1942-2001), que murió por hipotermia y paro cardíaco en La Mica, situada en las altas estribaciones del Antisana, donde se volcó la canoa que le permitía seguir, sin desvíos, el curso celeste de las aves migratorias que, en su vuelo del Ártico a la Antártida, cruzan cada año la Línea Equinoccial.

Esta fue la última jornada de observación y estudio de la naturaleza realizada por Fernando, quien había logrado ya, nacional e internacionalmente, altas cotas de prestigio por sus realizaciones y logros culturales, continuador de la obra de sabios de renombre y larga vida, aun superándolos, como Misael Acosta Solís y Gustavo Orcés: primera beca de la Fundación Charles Darwin, máster en ciencias por la Universidad de Missouri, asistente del Museo de Zoología de Vertebrados en la Universidad de Berkeley, California y PhD en Biología por ese mismo alto centro de estudios, con laureada tesis sobre colibríes ecuatoriales; profesor de varias generaciones en la PUCE, donde creó el Centro de Investigaciones Científicas e inició las colecciones de insectos y anfibios; Director del Departamento de Biología en la Universidad de Río Piedras (Puerto Rico) y asesor en Ciencia y Tecnología del Gobernador de aquella isla; primer guía naturalista en los cruceros a Galápagos, Presidente del Ingala y luego su Director Ejecutivo, tres años en el Archipiélago; Director Técnico Científico, en Roma, del Instituto Italo-Latinoamericano, 199l-1994 y, en sus últimos años, Director científico de la Fundación para la Ciencia y la Tecnología (Fundacyt) y promotor de Natura.

Para perpetuar su obra, pionera en muchos campos, se ha organizado la Fundación Cultural Fernando Ortiz Crespo, creadora del Colegio que lleva su nombre, ya prestigiado a pesar de su todavía corta existencia. Sus profesores y alumnos han participado intensamente en los actos celebrados para recordarle en el décimo aniversario de su muerte, entre ellos la excursión colectiva a La Mica, en uno de cuyos bordes se colocó granítica placa de exaltación y recuerdo en honor de Fernando. Se inició también la serie de publicaciones que perpetuará los casi 40 títulos de su bibliografía científica, el primero de ellos su celebrada monografía ‘La corteza del Árbol Sin Nombre. Hacia una historia congruente del descubrimiento y difusión de la Quina’ (2002).

Sin embargo, el acto de más significación y relieve fue la presentación de la 2ª edición de su obra mayor ‘Los colibríes, Historia natural de unas aves casi sobrenaturales’ (Quito, 2011, 354 pp.), verdadero libro-joya con cientos de fotos a color en distintas circunstancias de vuelo de los afamados quindes de nuestro Ecuador, que nos permite calificarle como nuestro primer ornitólogo.