Extraña economía de EE.UU.

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Sábado 15 de junio 2019

LARRY HATHEWAY
Project Syndicate

La expansión económica actual de los Estados Unidos es extraordinaria. No solo rivaliza con la más larga desde la posguerra, sino que a diferencia de períodos anteriores de crecimiento sostenido no provocó mucha inflación. Las ganancias corporativas han llegado a alturas inéditas. Y la desigualdad económica en EE.UU. está en un nivel máximo en medio siglo. Cada uno de estos aspectos excepcionales se vincula paradójicamente con otra rareza: pese a que la expansión desde 2009 ha sido en general deslucida, la tasa de desempleo estadounidense se redujo considerablemente más de lo que se esperaría juzgando solamente por el crecimiento del PIB. Pero es posible que el aspecto que más define esta extraña década de expansión (y el que ayuda a explicar sus principales anomalías) sea el escaso crecimiento de la productividad.

Tomemos el fenómeno del empleo. Un modelo sencillo de la relación entre el desempleo y el crecimiento del PIB muestra que durante esta expansión, la tasa de desempleo se redujo medio punto porcentual más cada año que el precedente histórico. Desde 2014, el ritmo de crecimiento del empleo en los Estados Unidos superó por casi un millón de puestos de trabajo al año lo que era previsible por el crecimiento del PIB.
Además de la caída del desempleo a mínimos históricos, la creación de empleo se mantiene a más del doble de la tasa de expansión de la fuerza laboral. Las empresas contratan trabajadores a buen ritmo, a pesar del escaso crecimiento, la merma del acervo de trabajadores productivos y una preocupante incertidumbre política y económica.

Una explicación posible es que las empresas están reemplazando capital costoso con mano de obra barata. La participación total de los trabajadores en el ingreso nacional de los Estados Unidos experimentó una reducción sostenida durante este siglo, hasta llegar a un mínimo de 60% a fines de 2014, antes de recuperarse hasta el nivel actual de 62%. Pero eso es tres puntos porcentuales menos del nivel promedio entre 1965 y 2000.

La rentabilidad del capital es excepcionalmente alta. Desde 2010, la participación de las ganancias corporativas en el PIB alcanzó en promedio niveles de los que no hay antecedentes en la era de la posguerra. Siendo así, podría pensarse que las empresas preferirían invertir en capital de alto rendimiento antes que en mano de obra. Pero no es lo que sucede. La tasa media anual de formación bruta de capital fijo no residencial desde 2009 ha sido 5,3%, más o menos lo mismo que durante las expansiones de los 2000 y de los 80, y muy por debajo de la tasa durante el auge que impulsaron las inversiones a fines de los 90.

¿Por qué hay abundancia de mano de obra barata? Tal vez los trabajadores están dispuestos a sacrificar salarios más altos a cambio de seguridad laboral. Es comprensible.