Sebastián Mantilla

Espíritu de la Navidad

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Miércoles 25 de diciembre 2019

smantilla@elcomercio.org

En un mundo cada vez más globalizado, en el cual el consumismo se ha convertido en uno de los “valores” más preponderantes en el comportamiento y en las relaciones entre los individuos, la Navidad no ha dejado de verse afectada. Incluso podríamos llegar a afirmar que, viendo lo que sucede no solo a nivel mundial sino en nuestro propio país, el día del año que mejor representa al consumismo es la Navidad.

Dentro de esta concepción de individuo que ha ido dando forma la globalización, el modelo a seguir está dado por la capacidad de compra que tenga cada uno. Por ello, mientras más regalos haya y más costosos sean, la Navidad será mejor o peor.

Al igual que la élite latinoamericana que tiende paulatinamente a reproducir sus espacios (ciudades, barrios, urbanizaciones, etc) a semejanza de las metrópolis estadounidenses o europeas, lo mismo sucede con las costumbres y tradiciones de otros sectores sociales. Cenas, adornos, reuniones, festejos, entre otros. Todo tiende a globalizarse y a entrar dentro de una misma norma, regla, modelo, formato… Pese a que en el Ecuador todavía existe una presencia importante del catolicismo, lo cual ha hecho que el pesebre de Belén y las celebraciones por el nacimiento de Jesús de Nazareth tenga cierta relevancia, no deja de llamar la atención el peso que ello tiene dentro del comportamiento diario.

A diferencia del pasado, ahora estamos más conectados con familiares y seres queridos a través de internet y redes sociales. Y es justamente en estas épocas cuando abundan mensajes y deseos de unidad, paz, amor, solidaridad… En unos casos deseos sentidos, en otros, mensajes que se pasan o re trasmiten de manera superficial solo porque tienen una imagen bonita o llamativa. Supongo que con ello cada año deberíamos estar mejor. Dejar atrás los malos sentimientos: el odio, la envidia, la venganza, la trampa, el engaño, el egoísmo...

Sin embargo, no tengo muchos motivos para ser optimista. En un país con tanta desigualdad social y pobreza, nos queda corto el día de la Navidad. Los valores de unidad, paz, amor y solidaridad no pueden encasillarse a un día del año. Deberían ser parte de una formación en valores y derechos que debería enseñarse en las escuelas de todo el país. Es decir, apuntar a la formación de otro tipo de individuo y ser humano.

Como país supuestamente laico, las instituciones educativas deberían cumplir en este aspecto un papel fundamental. No puede ser monopolio de la o las religiones. En el caso de la Iglesia Católica, la cual ha sido cuestionada por casos de pedofilia de parte de sus miembros, cuesta cada vez creer la palabra de sus sacerdotes.

En este contexto, viendo cómo ha avanzado la globalización y el consumismo, así como el deterioro de los valores y principios morales, creo deberíamos sentarnos a analizar en lo que hacemos y en lo que deberíamos hacer para que la situación en general sea diferente. No solo en el día de la Navidad.