Gonzalo Ortiz

De la esperanza a la ira

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Jueves 01 de noviembre 2018

Columnista invitado

¿Cómo pudieron los votantes del Brasil, un pueblo latinoamericano al que creíamos comprender, haber respaldado de manera tan masiva a un tipo racista, misógino, homófobo, hazmerreír hasta hace poco del congreso brasileño, como Jaír Bolsonaro? La respuesta no es tan difícil: los brasileños siguieron la misma tendencia que los de otras democracias en aprietos: dejaron la esperanza y optaron por la antipolítica, la política de la ira, el rechazo y la desesperación.

Tras el fracaso de Lula, Dilma y el PT, que prometieron cambios radicales y entregaron solo pequeños cambios y una corrupción monumental, la desilusión de los brasileños fue creciendo hasta convertirse en ira. Según las encuestas, como lo recuerda Simon Tisdall, analista del Guardian, 25% de quienes votaron por Bolsonaro no lo hicieron porque admiraran sus políticas sino por el deseo de castigar al PT por sus años de desgobierno. Los votantes no se plantearon realmente un dilema entre izquierda y derecha sino que optaron por un rechazo total a la política de siempre; una suerte de “que se vayan todos”.

A pesar de haber estado en el parlamento por casi tres décadas, Bolsonaro cultivó su imagen de “distinto” diciendo brutalidades, así que no le fue difícil asumir el papel de “outsider”, imagen contra el statu quo que también favoreció en 2016 a Rodrigo Duterte en Filipinas y a Donald Trump en EE.UU. Igual que con ellos, muchos votantes no necesariamente se adhirieron a su persona y sus ideas, pero lo prefirieron a cualquier figura del “establishment”, por lo que les perdonan o pasan por alto su fobia contra minorías, inmigrantes y mujeres, su prédica de violencia, odio y uso de armas, su neoliberalismo y depredación de la naturaleza, mientras se tragan y difunden altas dosis de “fake news” (Trump con Twitter, Bolso con Whatsapp). Por cierto, fomentar el odio y el uso de armas trae odio y uso de armas, como en la seguidilla de matanzas en EE.UU., cuyo último episodio de horror se dio el sábado en la sinagoga de Pittsburgh (“el día más oscuro de la historia” de esa ciudad, según su alcalde), mientras que todos sabemos, corriéndonos un escalofrío por la espalda, que no serán las últimas bajo Trump. Ojalá este martes las elecciones de medio período en EE.UU. sean un referéndum de rechazo a su insólito gobierno y a su aborrecible persona.

Los ecuatorianos debemos preocuparnos de que, en una sociedad con altísimo desempleo, profunda decepción tras lo que ofreció Correa, alto número de inmigrantes y la ausencia de esperanza y liderazgo del actual Gobierno, no surja un Bolsonaro criollo. El único ingrediente que falta en este explosivo coctel es la brutal violencia que ha vivido Brasil estos años. Pero ella misma no está lejos si no controlamos el narcotráfico, que ya ha infiltrado hasta en las Fuerzas Armadas.