Alfredo Negrete

Espejismo municipal

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Jueves 05 de enero 2012
5 de January de 2012 00:02

La supremacía electoral del candidato presidencial -sin licencia y por ende Presidente y candidato a la misma función- está produciendo un desplazamiento del interés colectivo del ámbito nacional al municipal; con el agravante de que entre las dos elecciones existe el espacio de un año en el cual el escenario nacional será políticamente homogéneo y las elecciones municipales en huérfanos pañales sin trascendencia política mayor.

Es comprensible que el ciudadano que vive en un barrio, en una ciudad o en zonas marginales o rurales, ubique el abecedario de sus necesidades en función de la realidad más inmediata que es la del Cabildo y no la nacional que se le presenta general, abstracta, distante y de propiedad de los políticos. Sin embargo, esta percepción tiene graves riesgos para la perspectiva histórica de la democracia ecuatoriana.

El más importante hecho consiste en abandonar el escenario nacional a una sola opción que seguirá apropiada de todo el orden estatal por cuanto las funciones de control y organismos como la Corte Nacional de Justicia, el Tribunal Constitucional, el Consejo Nacional Electoral y funcionarios como el Fiscal General, el Contralor, el Procurador y los superintendentes no compiten en las elecciones, pues sus cargos ya fueron confirmados para varios años por el ‘imparcial’ Consejo de Participación Ciudadana o por algún otro mecanismo legal que garantice un solo resultado: el control político por parte de un poder exclusivo.

Por este motivo, los electores que ya barajan los nombres para las dignidades municipales, si no participan políticamente en las elecciones presidenciales y de la Asamblea estarán cediendo irreversiblemente espacios para los próximos años que difícilmente podrán recuperarse. Se olvidan que los resultados de la consulta popular revelaron un escenario divido en partes iguales y por tanto, de mantenerse tal realidad política electoral, debieran interesarles participar en la conformación del nuevo gobierno y no solo en el municipal ; más aún, luego de las graves experiencias institucionales que se han sufrido en la Asamblea Constituyente, el Congresillo y en la actual Asamblea que, salvo excepciones, ha estado sometida a las instrucciones y estrategias del Ejecutivo.

Las grandes obras de infraestructura o la distribución presupuestaria y la asistencia en casos de emergencia dependerán de la decisión política del Ejecutivo que, con un año de anticipación, tendrá suficiente espacio para determinar el futuro municipal. Si lo ciudadanos quieren una realidad urbana tranquila, serán persuadidos a resignarse a la propuesta del único orden político imperante encarnada en el candidato apoyado por el oficialismo directa o simuladamente. La autonomía municipal será absorbida por el modelo de un populismo que como nunca antes dispone de recursos suficientes para transformar o reducir las urbes.