Sebastián Mantilla

Escenario electoral

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Miércoles 25 de julio 2012
25 de July de 2012 00:02

Estamos a las puertas del proceso electoral. El tiempo fijado para el registro de los partidos y movimientos políticos ha terminado. Luego de ello, cada una de las fuerzas políticas registradas ante el Consejo Nacional Electoral tendrá que presentar candidatos para las elecciones de febrero del 2013.

Pese a estar a un paso de los próximos comicios, todavía no hay un panorama claro para ver quiénes serán los candidatos que disputarán la presidencia de la República. A más de Rafael Correa, hay una proliferación de precandidaturas presidenciales que lo único que evidencian es el grado de fragmentación y debilidad que existe tanto en la tendencia de izquierda y centro-derecha.

Si no se avanza en un proceso de diálogo, concertación y alianzas será muy poco lo que pueda lograr individualmente cada una de las fuerzas políticas. Los cambios recientes en las reglas y en el sistema electoral ecuatoriano deberían ser tomados como un estímulo para la formación de coaliciones.

El método de asig-nación de escaños (D’Hondt) y la conformación de distritos electorales no favorecen a las fuerzas políticas minoritarias sino a grandes maquinarias electorales.

Del análisis comparado de las elecciones pasadas se puede obtener una gran conclusión. Hay una reducción progresiva del Número Efectivo de Partidos (NEP). Si en el 2002 el NEP fue de 7,54, en el 2006 se redujo a 5,86 y, en las últimas elecciones del 2009, llegó a 3,76. Esto quiere decir que hay una tendencia creciente a disminuir el número efectivo de partidos en el Ecuador debido no tanto al cambio del electorado sino del sistema electoral.

¿Qué efectos de corto plazo puede tener esto? Que no solo que la Presidencia esté perdida para la oposición sino incluso su representación en el Parlamento. Hay una tendencia que va a tender a reflejarse a partir de las elecciones del 2013: primero, reducción de la fragmentación a escala legislativa; segundo, disminución de la competitividad política a escala nacional; tercero, seremos testigos de la cuasi desaparición de los partidos tradicionales que hasta hace poco controlaban el sistema.

Aunque es legítimo que cada partido o movimiento político quiera tener su espacio de representación política, deben tener en cuenta que el actual sistema electoral no está hecho pata todos. Solamente los partidos grandes con cuadros, organización y estructura a escala nacional podrán mantenerse. El resto “morirán en el intento”.

De ahí la urgencia de promover espacios de diálogo y concertación. El objetivo no solo debería ser la supervivencia de las organizaciones políticas que representan a sectores minoritarios sino la defensa de la democracia y los principios que la sustentan.