Óscar Vela Descalzo

La escalera de Valencia

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Domingo 02 de junio 2019

El movimiento es la esencia de ‘La escalera de Bramante’, la nueva novela de Leonardo Valencia (Guayaquil, 1969), una obra que discurre por distintos escenarios y planos, a través de personajes que hilvanan sus historias, muchas veces sin saberlo o presentirlo, entre las hendiduras formadas por un pasado y un presente perfectamente alineados.

El título alude a la famosa escalera que se construyó en la Plaza quiteña de San Francisco, que tiene la forma de un doble abanico y que une al templo con la explanada y a ésta con el casco colonial de la ciudad, inspirada en la escalera de doble hélice de los Museos Vaticanos y en la original diseñada por Donato Bramante en el siglo XVI, ubicada en el museo Pio-Clementino.

Esta compleja y articulada escalera diseñada por Valencia conduce al lector entre múltiples historias protagonizadas por singulares y vigorosos personajes. Landor, uno de los protagonistas, es retratado por el narrador de la siguiente forma: “La vida de Landor siempre estuvo marcada por el movimiento. Era un movimiento impredecible que lo hizo recorrer el Norte, donde vivió su infancia y juventud, luego el Oeste y después el Sur. Hacia el Sur fue donde más lejos llegó…”.

La migración y el desarraigo, dos de los temas en los que Valencia ha profundizado en obras anteriores, también están presentes en esta novela que orbita el arte a través de la pintura y la escultura con verdadera erudición, pero que transita además por la exploración íntima de sus personajes, seres complejos, impredecibles, hondos y de algún modo invencibles, pues a pesar de los avatares y desgracias de la guerra, de enfermedades catastróficas, de la presencia pérfida de mafias y redes malditas, o del simple paso silencioso de los años, acuden indistinta y obsesivamente a la memoria para que sus historias no corran el mismo destino que les espera a ellos.

París, Quito, Barcelona, una difusa Colombia y un estático Ecuador, son los escenarios de esta novela hilvanada con precisión, exuberante en detalles, aromas y descripciones, escrita con la prosa pulida y reposada de un autor de oficio que, al igual que alguno de sus personajes, se ha forjado tomando distancia de objetos, espacios y personas para lograr de este modo la mejor y más objetiva descripción de su mundo.

‘La escalera de Bramante’ es, de principio a fin, una novela titánica como varios de los personajes evocados por Landor, y, al mismo tiempo, resulta rítmica, caótica y sublime como ‘Las Troyanas’ de Eurípides, que también tienen voz en estas páginas, y sin duda está conectada por caprichosas ramificaciones con otras obras fundamentales del autor: ‘El libro flotante’, ‘El desterrado’, ‘La luna nómada’.

“…Cuando alcanzó el paralelo 0, la línea perfectamente trazada que atravesaba la Mitad del Mundo, colocó un pie en el hemisferio norte y el otro en el sur… Más que sentirse un titán, Landor recordó a la Baba-Yaga de los cuentos de su madre que tanto lo aterraron…”.