Fernando Tinajero

Equívocos de la “izquierda”

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Jueves 15 de marzo 2018

Ningún argumento puede ocultar la evidencia: donde quiera que el pretendido “socialismo” fue aplicado, su resultado fue un desastre: a la quiebra de las economías, aquel intento agregó numerosas sociedades destruidas, con sus vínculos internos deshechos y el miedo a flor de piel. Lo peor de todo, sin embargo, quizá haya sido la pérdida de la capacidad natural para usar la libertad.

De tan innegables experiencias, que atraviesan el planeta desde el extremo oriental de Europa hasta América, pasando por Asia y algún rincón africano, las derechas se han aprovechado solo en parte. Aquí y allá han buscado recuperar los privilegios perdidos o vacunar políticamente a sus propias sociedades, pero han sido incapaces de ofrecer soluciones para la continua crisis general del sistema. Doctrinalmente sus conclusiones son muy pobres: un discurso cansino sobre los fracasos de “la izquierda” y reedición de sus dogmas apenas disfrazados con lenguajes que la revolución tecnológica ha puesto en circulación.
En todo esto hay muchos equívocos. Uno de ellos consiste en identificar la izquierda con el “socialismo” fracasado. Tal identidad es tan falaz como la identificación absoluta del liberalismo con la derecha. La realidad humana y social es demasiado compleja para que tales reducciones conceptuales puedan pretender validez. Ni el socialismo ha podido establecerse en ninguna parte del mundo, ni los regímenes burocráticos y totalitarios representan realmente la izquierda, en la medida en que constituyeron malos remedos de anteriores clases privilegiadas.

La izquierda, la verdadera izquierda, es necesaria en cualquier sociedad que aspire a una real vida democrática. La izquierda no es la que se encarama en el poder para oprimir a “las masas” en nombre de “las masas” y a veces con su ayuda, inducida por un discurso mentiroso. La verdadera izquierda, es la expresión de todos los sectores de la sociedad que están en contra de la gran trampa del capitalismo dominante: aquella que en lugar de bienes ofrece mercancías sacrificando al trabajador. Aquella que permite obtener millonarios beneficios a las empresas que fabrican medicinas caras para eliminar unos síntomas creando al mismo tiempo otros males. Aquella que promete el zumo de las frutas, pero lo hace sin frutas. Aquella que engatuza a la gente para hacerle gastar, como alguien decía, un dinero que no tiene para comprar cosas que no necesita.

Aquella que destruye la naturaleza para ofrecer mucho oro para hoy y muerte para mañana.

Izquierda, lo que yo llamo izquierda, es la oposición radical a la utilización del mercado como trampa. Es la defensa de la naturaleza y el ambiente, de los derechos humanos, de la verdad contra la propaganda; es la reivindicación de la palabra como búsqueda del otro. Esa izquierda no se hace responsable de los fracasos del supuesto “socialismo”, pero será responsable de su propio fracaso si no impide que el Estado caiga también en la trampa del mercado.