5 de February de 2011 00:00

Entrevistar a los DDP

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Rubén Darío Buitrón

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Un lector me escribe, casi en tono de desafío, que por qué yo no pido una entrevista con DDP II.

Entiendo que es una insinuación de que yo no sería capaz de “enfrentar el reto” o un forma de decirme que en lugar de criticar desde la butaca a quienes estuvieron en el panel con DDP II el domingo pasado, yo tenga la entereza de cuestionarlo ante millones de fanáticos, digo, de espectadores, que aplaudan al personaje y repudien al preguntador.

Hace tres años entrevisté al DDP II para diario Expreso. Cara a cara y en su despacho. Fue, para mí, una experiencia desagradable. Y, supongo, que para él también, aunque, días después Bernard le preguntó en su programa de TV quiénes eran buenos periodistas para él y me nombró.

La primera pregunta le sorprendió. Cambió de actitud, se exaltó, se puso a la defensiva, estigmatizó a la prensa, me dijo que no entendía por qué le hacía “esas preguntas” si yo era “progresista”.

Por entonces, no se cuidaba, como lo hace ahora, de decir “cierta prensa corrupta”. En ese tiempo todos, sin distinción, éramos corruptos, mafiosos o mediocres.

La entrevista con DDP II terminó mal. Dio un golpe sobre la mesa y casi derrama el café de la taza. Dos o tres veces se puso de pie. Sus asesores me interrumpieron bajo el pretexto de que “esos no eran los temas”, como si el poder pudiera imponer la agenda al periodista.

Dos años antes había entrevistado al DDP I, quizás en una de las últimas apariciones en la prensa.

Conversamos en su casa en Urdesa, norte de Guayaquil. El hombre fumaba y tomaba café. Yo, por insistencia de él, le acepté una taza. Él tomó al menos ocho.

La entrevista con el DDP I duró cuatro horas y se publicó en dos páginas el domingo 4 de enero del 2004 en el diario El Universo.

Le hice preguntas duras, incómodas. Hablamos de su autoritarismo, su intolerancia, su odio a la prensa, su fracaso como Presidente, su gestión como Alcalde de Guayaquil.

El domingo, cuando se publicó la entrevista, a media tarde sonó mi celular. Era del DDP I. Me dijo que yo era parte de los periodistas que odiaba y que hasta el día anterior estaba arrepentido por la entrevista, pero que la había leído y me agradecía porque, dijo, “había sido absolutamente riguroso al poner textualmente sus respuestas”. Eso, aún a su pesar -según enfatizó- era un mérito para mí.

Yo solo le dije gracias. Me despedí y cerré.

Ambas experiencias me han permitido conocer de cerca a la encarnación del poder total: el Dueño Del País II y el Dueño Del País I, según el orden que les he dado en este artículo.

Después de esas vivencias, siento que tengo alguna autoridad moral (o, al menos, cierta experiencia) para criticar la mediocridad de quienes se sientan en un set de TV frente al poder y no son conscientes (o no parecen serlo) de su responsabilidad con el país.

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