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Domingo 23 de octubre 2011
23 de October de 2011 00:07

Imagínese usted un cine en el que están dando la película que usted quiere ver. En la puerta del cine hay un letrero que dice “entrada libre”. Pero más abajo hay un letrero que aclara “salida 100 dólares”. Evidentemente usted no entra.

Ahora imagínese un país, un lindo país con vista al Océano Pacífico. Sobre su puerta dice: “para capitales, la entrada es libre”, pero más abajo aclara, “pero la salida cuesta 2%”. Evidentemente los capitales no van a entrar a ese país. Y ese es el caso del Ecuador, donde un impuesto que está diseñado para impedir la salida de capitales, está desalentando su entrada.

Este punto es relativamente fácil de demostrar. Un dato calculado por la Cepal (la división económica para América Latina de las Naciones Unidas) permite hacerlo. El dato es el “ingreso neto de capitales” y ahí están todas las divisas que entran y salen de un país por cualquier razón que no sea importaciones, exportaciones, pagos por servicios o transferencias de emigrantes. Están, por lo tanto, todo lo que financieramente se definiría como “capitales”.

En los últimos 4 años (2007-2010) el Perú ha tenido un “ingreso neto de capitales” de USD 32 782 millones, es decir, a ese país han entrado más dólares de los que han salido, justamente por el monto señalado. En neto, ese es el monto de divisas que se quedaron en el país.

En Colombia el saldo es todavía mayor. A ese país han entrado USD36 039 millones más de los que han salido. Ese es su “ingreso neto de capitales”. Vale aclarar que ninguno de nuestros vecinos tiene un impuesto a la salida de divisas.

Según la misma Cepal, en el caso del Ecuador, ese “ingreso neto” es negativo. Del país, entre 2007 y 2010, salieron 351 millones más de los que entraron. Y nosotros somos los únicos que tenemos un impuesto a la salida de divisas. Es un impuesto que quizás frena en algo la salida de divisas, pero que frena mucho más su entrada.

La existencia del impuesto no es la única razón por la que al país entran pocos capitales pero aporta al tema. En general, en el país existe un ambiente “poco amable” a la inversión privada y, por lo tanto, hay pocos incentivos para mover recursos hacia el Ecuador. El impuesto complica la cosa aún más.

Un ejemplo: los bancos en el Ecuador pagan tasas bajas, pero muy superiores a las que pagan los bancos en Estados Unidos. Por lo tanto, podría haber gente dispuesta a poner algo de sus recursos en pólizas ecuatorianas. Pero a lo que pagan los bancos ecuatorianos hay que restarles el impuesto a la salida de divisas, con lo que esa inversión se vuelve mucho menos atractiva. Y peor si lo suben.

Solo la confianza hará que los dólares se queden en el país y que nuevos dólares vengan a quedarse. Cuando las personas pierdan la confianza, ni el 10% de impuesto impedirá que saquen su plata.