Alfredo Negrete

El enroque en política

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Jueves 29 de agosto 2019

Se lo concibe como una jugada de emergencia en el ajedrez clásico. Es el único caso en que se pueden mover dos fichas –el Rey y la Torre-; puede ser el ejercicio de una contra ofensiva, o una oportuna precaución ante el probable jaque del adversario. Por obvias razones las particularidades del juego son aplicables o útiles en el campo político. Se repite lo que dijo León Trotsky interpretando a Maquiavelo cuando expresó que se identifican y son parecidos porque son amorales y exclusivos El congreso del partido Rusia Unida aceptó la propuesta del presidente Dimitri Medvedev, de encabezar la lista de candidatos parlamentarios para 2010 y Vladimir Putin, como candidato presidencial en marzo de 2012. Un enroque en toda regla.


Revisando la historia, es notable la jugada cuando regresó Juan Domingo Perón a la Argentina luego de su destierro. Los militares habían puesto un requisito insalvable y entonces el líder decidió que el candidato sea Héctor Campora que venció, fue presidente por 50 días, renunció y en elecciones presidenciales, superados los obstáculos legales, se eligió presidente a Juan Domingo Perón. La política le dio la vuelta poder.

En esta lista debe agregarse el caso ecuatoriano cuando los militares entregaron el mando a los civiles, pero impidiendo que él ganador fijo, Asad Bucaram, triunfe. Calcularon mal y el líder vetado siguió adelante y Jaime Roldós, acompañado de Osvaldo Hurtado, ganaron, derrotaron al pasado de liberales y conservadores y se inició un proceso que, aunque sea formal, cumplió 40 años.

Si lo analistas, asesores y más yerbas finas nacionales cumplieran con sus deberes profesionales ya debieran pensar en un enroque como lo acaba de hacer victoriosamente la casi segura vicepresidenta de la Nación Argentina, Cristina Fernández. No tenían ningún impedimento legal, salvo los potenciales juicios penales de corrupción; sin embargo, está próxima a llegar a una parcela importante del poder. Los sorprendente es que el enroque funcionó; se evitó una polarización sobre su figura que de principal hubiese generado otro resultado e impulsado el balotaje que hoy parece imposible. Se volvió a cumplir la sentencia de León Trotsky que alguna vez dijo que la política es lo más parecido al ajedrez. Es absolutamente amoral: no se juega con ética. Sino con posibilidades.

En el Ecuador a un año y medio de las elecciones es posible el enroque, el problema es que se conoce los reyes y no a las torres. Da la impresión de que es muy difícil encontrarlas fuera de círculo del poder actual donde se labran cuidadosamente, pero con pocas perspectivas, aunque en política no hay vaticinio seguro. Los principales de la década pasada tienen tarjeta roja y deben esperar al menos dos partidos; además, no son peronistas ni tienen la creatividad de doña Cristina; agréguese que la campaña se hace con presencia y no por señales de humo a la distancia.

anegrete@elcomercio.org