Enrique Ayala Mora

Pájaros de alto vuelo

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Viernes 30 de noviembre 2018

En todas partes los aviones presidenciales se usan para viajes oficiales. Pero durante el correísmo esos aviones realizaron 24 viajes a Panamá, Bárbados, Bahamas, Cabo Verde, Belice, Dominica, Emiratos Árabes, sin manifiestos de pasajeros, a veces sin establecer pesos y equipajes. Y esos países no son centros de política internacional, sino “paraísos fiscales”, lugares donde los bancos aceptan depósitos de dinero sin averiguar su procedencia y guardan reserva de ello. ¿Para que viajaron entonces?

Según EL COMERCIO, el informe de Contraloría sobre las aeronaves de uso del jefe de Estado, revela que 63 vuelos a cargo del Grupo de Transporte Aéreo Especial (GTAE) y 24 especiales de Tame no fueron autorizados por la Secretaría General de la Presidencia. Además de usar los dos aviones presidenciales y los de TAME, hubo vuelos de Petroamazonas. A veces se usaban todos para transportar un gentío o con más de 200 puestos vacíos.

Por agilidad, ahorro de tiempo y seguridad, es razonable que el presidente de la República tenga un avión para sus desplazamientos internacionales. Pero no se entiende que tenga dos aviones de parecidas características y que en solo el 29,4% de los viajes haya estado el presidente.
En la mayoría viajaron otras personas. Y a veces no se sabe quien mismo viajó. En el correísmo, los aviones presidenciales permanecieron en el exterior cerca de 730 días; es decir, casi dos años.
Según La Hora, la información de la Aviación Civil, en la que consta la entrada y salida del país de las aeronaves, con sus fechas, horas y aeropuertos, es incompleta y presenta inconsistencias con el resto de documentos públicos; entre otros motivos, porque los viajes de las autoridades no siempre fueron reportados.

Es escandaloso que de 344 viajes que realizaron los dos aviones presidenciales en tiempo de Correa, según documentos oficiales, 185 no constan en los decretos ejecutivos o informes ministeriales, ni se conoce el destino final que tuvieron. No se presentó número de viajeros ni manifiestos de carga o justificativos para los viajes. Hubo menos control que para el transporte terrestre, lo cual es terrible.

Cuando se anunció el examen del uso de aviones, Correa dijo: “Así podrán confirmar cuántas horas al día trabajamos por la Patria y cómo hasta la comida a bordo la preparaban en Carondelet o la llevábamos en tarrinas para ahorrar”. Pero luego, muerto del miedo, advirtió: “Ya viene la nueva canallada y cortina de humo: los aviones presidenciales. Contraloría está armando el muñeco de supuestos viajes a ‘paraísos fiscales’… ya no saben qué inventar”.

Pero no hay nada que inventar. Allí están los datos y las cifras que demuestran que para los de “manos limpias y corazones ardientes”, los vehículos públicos son instrumentos para oscuros viajes de pájaros de alto vuelo.