La Asamblea termina debate del pedido de destitución…
¿Habrá clases el miércoles 29 de junio?
Fiscalía abrió investigación por la muerte de un mil…
Comunidad Lgbti ratifica marcha del Orgullo en Guayaquil
Hospital Eugenio Espejo mantiene plan de contingenci…
El Pico y placa sigue suspendido en Quito este 29 de junio
Pobladores indígenas permanecen en los exteriores de…
Voces ecuatorianas del Orgullo Lgbtiq+

Enemigo público

Quien está contra la minería: enemigo público. Quien deja ver su descontento en la calle mostrando el pulgar hacia abajo y es interceptado por gente enmascarada y afrentosa: enemigo público. El caricaturista que le busca la esquina del humor a la tragedia de la política: enemigo público. El joven de los memes: enemigo público.

Aquel que hace oposición: enemigo público. Y quien se asombra del alza de la gasolina: enemigo público. Aquel al que le parece extraño que se importe petróleo para que funcione la refinería: enemigo público. Y quien protesta porque la vía abierta en el Yasuní no parece ni muy sendero ni muy ecológico: enemigo público.

El bloguero y el rebelde: enemigos públicos. Quien se asombra de los sueldazos que se pagaban en Yachay: enemigo público. Aquel que alerta que la explotación del campo Armadillo puede desatar nuevos conflictos en los territorios donde habitan pueblos ocultos: enemigo público.

Quien no está muy conforme con el modelo de ciudades del Milenio: enemigo público. Y quien no quiere aplaudir la construcción de carreteras, escuelas u hospitales, pues le parece que justamente para eso se elige a las autoridades locales y nacionales, es decir, para que hagan obra: enemigo público.

Quien se asombra de las medidas neoliberales como alternativas para paliar la crisis: enemigo público.

Quien encuentra enredados, engorrosos e innecesarios los procesos y los trámites inventados por la burocracia: enemigo público.

Quien escribe o denuncia: enemigo público. Quien cuestiona el sistema: enemigo público. Quien no celebra el 30-S y prefiere no recordarlo: enemigo público. Quien no quiere complacer al poder: enemigo público. Quien insiste en la defensa de los parques nacionales: enemigo público. Quien se muestra escéptico frente a la política: enemigo público. Quien no alaba la obra de los gobernantes: enemigo público. Quien no ve muy justa la justicia y su aplicación: enemigo público.

De eso va la obra de teatro que se estrenó en el Teatro Sucre hace unas semanas y ahora se presenta en el Patio de Comedias: ‘Un enemigo del pueblo’. La obra, escrita por el noruego Henrik Ibsen en 1883, está plenamente vigente y puesta en escena por Cochebomba. Y en el Ecuador de hoy, se lee como si el país estuviera frente a un espejo absurdo: una obra sobre el costo de la verdad y los riesgos de la denuncia. Las actitudes timoratas de cierta prensa. La moderación de ciertos sectores sociales que no se atreven a contrariar al poder y que prefieren coquetear con él. Los intereses individuales con disfraz de bien común. Y todo, con matiz de comedia.

En los días de estreno, con muchos aplausos… a propósito, el que aplaude: enemigo público también, así que no se excedan en las ovaciones si no quieren contrariar al poder.

maguirre@elcomercio.org