Pamela Aguirre Castro

Eliminación de la violencia contra la mujer

En 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió que cada 25 de noviembre, se conmemore el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, a propósito de la fecha en la que fallecieron las tres hermanas Mirabal. Se pretende llamar a la reflexión a todos los actores de la sociedad, para que con acciones conjuntas se ponga fin a la violación de los derechos de las mujeres.

En Ecuador, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), 6 de cada 10 mujeres sufren de violencia de género. Este dato abrumador no está lejos de la realidad mundial, pues las Naciones Unidas asegura que 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia física, sexual o psicológica, al menos una vez en sus vida. Este dato confirma que la violencia contra mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual sobre las que apenas se informa debido a la impunidad de la cual disfrutan los perpetradores, y el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas.

Para clarificar a lo que nos estamos refiriendo, la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer emitida por la Asamblea General de la ONU en 1993, define a la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

Los efectos psicológicos adversos de la violencia contra las mujeres y niñas, al igual que las consecuencias negativas para su salud sexual y reproductiva, afectan a las mujeres en toda etapa de sus vidas. Por ejemplo, las desventajas tempranas en materia de educación no solo constituyen el obstáculo principal para alcanzar la escolarización universal y cumplir con el derecho a la educación de las niñas, sino que en lo posterior limitará el acceso a la educación superior y en consecuencia a oportunidades de empleo en condiciones de igualdad con los hombres.

Aunque todas las mujeres, en todas partes del mundo, pueden sufrir violencia, hay mujeres y niñas que son particularmente vulnerables: niñas, indígenas, migrantes, afrodescendientes, impactando negativamente en la efectividad de sus derechos y su proyecto de vida. Reconocer que la violencia contra la mujer es un obstáculo para alcanzar igualdad, desarrollo, paz, es uno de los primeros pasos para afrontar este mal que aqueja a la sociedad.

Este 25 de noviembre, es una nueva oportunidad para combatir las múltiples dificultades que propician la violencia contra las mujeres: normas jurídicas, normas sociales discriminatorias, infrarrepresentación de las mujeres en los espacios políticos y políticas reales de prevención de la violencia contra la mujer.

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